Opinión

La política social restringida 

09 noviembre 2017 5:0
 
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POBREZA

El combate a la pobreza ha sido el objetivo primordial de la política social de México durante al menos tres sexenios. Desde la creación del programa Progresa en los años de Ernesto Zedillo hasta el presente, en que cambió radicalmente la política de subsidios generalizados a subsidios condicionados y focalizados, prácticamente todo el esfuerzo se ha centrado en el combate a la pobreza. Es cierto que hay muchos programas sociales, miles de hecho, en las secretarías federales, estatales y hasta municipales. Pero disminuir la pobreza ha sido el esfuerzo central, y no falta razón dada su persistencia desde hace decenios. Para ese efecto se creó el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval), se construyeron metodologías diversas para la medición de la pobreza, y se evalúan todos los programas constantemente. Hay todo un esfuerzo institucional que ha subsistido ya por muchos años.

Sin embargo, los resultados no han sido tan buenos como se esperaba. La pobreza ha perdurado a casi los mismos niveles relativos, con ciertas alzas y bajas, a pesar de los enormes esfuerzos que se han realizado. No ha sido posible erradicar la pobreza por un gran número de factores. Por ejemplo, la economía ha crecido relativamente poco y eso no ayuda a aliviar la pobreza; los “graduados” del programa Oportunidades no han avanzado mucho más, pues no llegan a niveles adecuados de preparación o no hay los medios económicos para que continúen sus estudios. O si logran avanzar, no hay los empleos bien remunerados que puedan aprovechar los resultados del esfuerzo.

También el programa se ha usado con fines político-electorales y existe corrupción en la operación de algunos de los programas sociales tanto a nivel federal como estatal. Tampoco existe un padrón único de beneficiarios y tampoco información suficiente para su desarrollo eficaz.
Pero un problema central es que la política social se enfoca, esencialmente, en la lucha contra la pobreza y deja de lado otros propósitos fundamentales para mejorar el bienestar. Por ejemplo, a esta definición de la política le faltan al menos dos características: que también se debe atacar la desigualdad, y que debe evitarse su perpetuación. Por ello es necesario enfocarse más en la igualdad de oportunidades para todos, en la posibilidad de que cualquier persona, sin importar donde haya nacido, tenga las oportunidades de avanzar sensiblemente en la escala socioeconómica. Y dado que las desigualdades se acumulan a lo largo de la vida, en cada una de sus etapas, se debe entonces adoptar un enfoque generacional. Pensemos en un caso hipotético. Una desigualdad al inicio de la vida (por mala nutrición, por ejemplo) provoca que el desempeño del niño sea menor y, por tanto, tenga menos posibilidades de éxito en su educación primaria.

Al no sacar buenas calificaciones, tendrá menos posibilidades de seguir a la secundaria, obtener becas, etcétera, que le impedirá llegar a la preparatoria y la universidad. Su incursión al trabajo será entonces en condiciones complicadas, seguramente en el mercado informal, que además le llevará a tener menores ingresos y una protección social limitada.

En cambio, si hay una política que ponga el énfasis en la igualdad de oportunidades a lo largo de todas las etapas de la vida, una desigualdad inicial tendrá más posibilidades de ser corregida en la etapa siguiente y de esa manera evitar un desenlace no deseable. Plantear este objetivo tiene también una ventaja enorme en lo que concierne a la definición de las políticas públicas. Permite alinear la política de salud con la educativa, y éstas con las políticas de inserción laboral, acción afirmativa, contra la discriminación, etcétera. Tener un objetivo transversal como el descrito permite diseñar de manera consistente las políticas en diversos ámbitos que típicamente se han diseñado en forma aislada, con objetivos que a menudo se contraponen y le restan eficacia.

Próximamente el Coneval entrará en una reflexión para desarrollar una nueva definición de pobreza que sirva de guía para el diseño de la política social. Se avanzó mucho con el concepto de pobreza multidimensional del Coneval, que marcó tendencia a nivel mundial, a pesar de las trampas que algunos funcionarios federales y estatales han hecho para modificar los indicadores sin mejorar la realidad. Ahora se tendrá la ocasión de incluir nuevos conceptos en la definición de pobreza, como el acceso igualitario a las oportunidades de crecimiento y desarrollo para todos, desde su nacimiento hasta la vejez.

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