Opinión

La polarización del debate anticorrupción

 
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SNA

Por regla general asumimos que la democracia permite crear espacios de diálogo libres, en los que el espíritu crítico, la deliberación informada y la diversidad de visiones permiten a grupos con distintas posiciones o ideologías discutir sus diferencias y llegar a compromisos que eviten el extremismo, que ayuden a moderar las posiciones individuales, nos libren de conflictos y ayuden a construir, con base en la negociación, mejores decisiones sobre lo público.

Sin embargo, bajo ciertas condiciones, la deliberación libre también puede llevarnos a una mayor polarización y al extremismo de las posiciones entre distintos grupos.

La deliberación democrática fracasa cuando las posiciones postdebate se vuelven más radicales que las posiciones iniciales. En esos casos la deliberación polariza en lugar de moderar. Esto pasa cuando hay una comunicación deficiente con la contraparte que no permite conocer la visión y los motivos de los otros; cuando la discusión en lugar de incorporar al debate información diversa, sirve para endurecer las convicciones originales, fortaleciendo la identidad de grupo y el rechazo a las opiniones distintas.

La polarización puede tener consecuencias graves para una sociedad al exacerbar posiciones y hacer más difíciles la negociación y los acuerdos.

De un tiempo a la fecha, se han venido reuniendo condiciones que alimentan diferencias importantes entre el gobierno federal y las organizaciones de la sociedad civil que han impulsado la creación del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA).

Nombramientos en la Suprema Corte, el Inegi, de magistrados especializados en corrupción y más recientemente, los indicios de espionaje a periodistas y activistas, así como los cuestionamientos a los nombramientos hechos por el Comité de Selección y la Comisión de Participación Ciudadana han extremado posiciones y generado un ambiente de auténtica polarización en el que se incrementan los reclamos, los rompimientos de organizaciones con el gobierno en grupos de trabajo, así como el tono de las descalificaciones públicas.

Este debate se ha polarizado en parte por la deficiencia en los vehículos de comunicación que las partes han empleado, fundamentalmente declaraciones a medios, conferencias de prensa, artículos de opinión y redes sociales.

Esta polarización desde luego no beneficia a nadie, pero limita en especial y de forma muy grave las posibilidades de funcionamiento del SNA. La característica central del SNA es su naturaleza híbrida: es una mesa de coordinación de estrategias, políticas y reformas anticorrupción que reúne a diversas organizaciones públicas, pero que es presidida en todo momento por uno de los ciudadanos que integran el Comité de Participación Ciudadana.

Este grupo de ciudadanos tiene una relación y vinculación cercana y directa con las organizaciones de la sociedad civil que impulsaron la creación del SNA; es natural que compartan sus aspiraciones y posiciones en torno a este debate.

Estoy convencido de que en las posiciones de la sociedad civil existe una exigencia sincera de justicia, de defensa elemental de derechos y de transparencia. No tengo duda de que las organizaciones sociales involucradas en este debate consideran que tienen motivos sobrados para hacer un reclamo puntual y categórico al gobierno.

Creo también que en las decisiones del gobierno que han sido cuestionadas por las organizaciones, hay una lógica que opera con base en motivaciones políticas y que si bien, podemos estar en desacuerdo o cuestionar dichas decisiones, es importante para la deliberación tomar en cuenta esa lógica si queremos entender mejor a ambas partes y prevenir que la polarización limite las posibilidades de éxito del SNA.

El Comité Coordinador tiene una gran labor por delante, desde la organización administrativa de la Secretaría Ejecutiva, la construcción de su Plataforma Digital, del sistema de evaluación de la política anticorrupción, la atención a casos específicos de corrupción y el mapeo y negociación de las reformas legales pendientes.

Para todas esas tareas, el Comité de Participación Ciudadana tendrá que trabajar, dialogar y negociar permanentemente con organismos públicos y del gobierno, para lo cual se requiere una comunicación y un diálogo directo y constante que no es posible en un ambiente polarizado.

La polarización en las posiciones dentro del Comité Coordinador restringiría materialmente sus posibilidades de operar. Es necesario lograr un equilibrio difícil pero necesario: ¿Cómo prevenir que la polarización del debate entre gobierno y organizaciones contamine y limite la posibilidad de que el Comité Coordinador cumpla la tarea de fortalecer y construir el SNA?

* El autor es licenciado en Ciencia Política por el ITAM y Maestro en
Administración Pública por la Universidad de Harvard.

Twitter: @benxhill

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