Opinión

La plataforma republicana

 
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Latinos. (www.voanoticias.com)

Las plataformas electorales buscan incluir las demandas de los grupos de interés internos, siempre que sean compatibles entre sí. Su objetivo es netamente electoral, porque todos saben que la realidad con que se encuentre el gobierno es lo determinante. No obstante, son un buen indicador de opinión.

A diferencia de los demócratas, que redactan un documento totalmente nuevo y recaban la opinión por medio de foros de amplia participación, los republicanos parten de la plataforma de hace cuatro años y sólo se discute lo que se le quiere añadir o quitar. La consulta se hace por medio de una encuesta con una docena de preguntas y luego, en subcomités temáticos, se acuerda la redacción.

Al escribir esto, sólo se ha difundido lo aprobado por esos subcomités y el borrador final no se tendrá hasta el inicio de la Convención. Pero está ya prefigurado lo que se aprobará y gracias a Twitter tenemos una muy clara idea de cómo estuvieron las discusiones.

En el capítulo económico el diagnóstico es el de siempre: la economía y el empleo están estancados por el excesivo intervencionismo estatal. El gasto social desbordado ha llevado al gobierno al déficit y al sobreendeudamiento (fiscal nightmare) y a sobrecargar de impuestos a las personas y a las empresas. La solución es la conocida: un gobierno limitado, enfocado a sus responsabilidades básicas (smaller and smarter); reducir significativamente las tasas marginales; eliminar los impuestos a los intereses, dividendos y ganancias de capital de los pequeños y medianos contribuyentes; reducir regulaciones y evitar la litigiosidad.

Se incluyen nuevas propuestas sobre capacitación laboral e infraestructura, asignando su ejecución a los estados. En general, hay una reivindicación federalista, muy crítica de la forma en que Obama ha gobernado, por medio de órdenes ejecutivas, saltándose al Congreso y a las legislaturas estatales.

En los temas sociales tampoco hay variaciones significativas respecto a las posiciones tradicionalistas del partido: oposición al aborto, la eutanasia, el matrimonio y la adopción gay. Las novedades son que se concibe el incremento de la pornografía como una crisis de salud pública y que se añade a los argumentos contra la legalización de la mariguana el dato de que la mayoría de los responsables de matanzas eran adictos. En cambio, no se relacionan esos casos con la venta indiscriminada de armas.

En política exterior se mantiene la retórica de recuperar el liderazgo económico y militar y de combatir al terrorismo y el narcotráfico. El levantamiento de sanciones a Cuba se condiciona a que se permitan medios independientes, libre acceso a internet, partidos políticos y elecciones libres.

Poco cambio en la política migratoria. Trump dejó que la gente de Ted Cruz se ocupara de este asunto. En consecuencia, se mantiene una línea dura, no muy diferente a lo que plantean los demócratas.

Desde hace más de veinte años ambos partidos incorporaron en sus plataformas la necesidad de construir barreras que impidan el paso de inmigrantes ilegales desde México. En 2006, con el voto entre otros de los senadores Bernie Sanders y Hillary Clinton, se aprobó construir una parte, que luego no pudo financiarse. Ahora se utiliza la palabra wall (muralla) en lugar de fence (cerca) y se pide que se extienda por toda la frontera. Pero como aclaró inmediatamente Reince Priebus, presidente del partido, es un mero gesto de reconocimiento a Trump (a little hat tip). Desde luego, no se sugiere que ese muro lo deba pagar México.

Proteccionismo moderado. Se hace una fuerte crítica a Obama por haber permitido que China no juegue limpio (no respeta la propiedad intelectual, subsidia sus compañías, limita el acceso a sus mercados, excluye los productos americanos de las compras de gobierno, manipula su moneda). A diferencia de los demócratas, el énfasis está en la equidad y transparencia de las prácticas comerciales y no en la exportación de empleos.

Contra los deseos de Trump, no se pide abrogar o revisar el TLCAN ni se exige interrumpir las negociaciones del Acuerdo Transpacífico. En cambio, se amenaza con medidas punitivas a los abusivos y se incluye la frase America first, con que él ha sintetizado la política de negociar con rudeza los nuevos acuerdos.

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