Opinión

La pequeñez de El Piojo

1
 

 

Miguel Herrera

Dicen que del árbol caído todos quieren hacer leña, pero el caso de El Piojo, que ha acaparado la atención del respetable, parece obligado comentarlo desde el enfoque de esta página. El principal error de Miguel Herrera, en términos de Relaciones Públicas, fue no considerar que una figura pública, para bien o para mal, a partir de su nombramiento, designación o elección adquiere la calidad de “persona moral”. Esto es, un individuo investido con un rol en cualquier entidad pública deja de tener vida privada en espacios públicos. A muchos no les gustará perder su vida privada, pero es el costo que tiene la fama.

En el momento de aceptar su nombramiento a cargo de la dirección técnica de la Selección Nacional de Futbol además del glamour que esto conlleva, –como el sueldo, las oportunidades para ser contratado por firmas comerciales o partidos políticos– también pierde la libertad de conducirse como el cuate buena onda, o el energúmeno que pelea a la menor provocación. El rol de director técnico de una entidad como la que hasta ayer representaba significaba que cualquier conducta se iba a atribuir al director técnico y no al cuate Miguel.

Desde el momento en que un personaje tiene contacto con los medios colectivos de comunicación se le puede considerar una figura pública. Ahí es donde tiene que meterse en el “personaje” y jamás emitir comentarios irresponsables, ajenos a lo que los demás esperan de dicho personaje, quien ya tiene la carga de representar a una entidad, aunque en lo personal piense otra cosa.

No es el único caso. Tal vez el primero que nos viene a la mente es el expresidente Fox, quien en pleno ejercicio del cargo se comportaba como un ranchero enamorado, que se sentía con la libertad de acudir a donde quisiera y declarar en forma irresponsable sobre diferentes tópicos, lo cual lo hizo inolvidable, en lugar de actuar como Presidente de la República.

Todo personaje público debe considerar su rol de vocero de una organización, a veces involuntario, porque con una conducta inadecuada o declaraciones irresponsables puede poner en riesgo la reputación de la empresa o institución que representa, uno de los intangibles más preciados hoy en día.

A El Piojo le costó la chamba. A ver cuánto le cuesta el teatrito que armó a la Selección Nacional de Futbol. Los patrocinadores deben estar analizando el asunto. El Piojo mostró su verdadera estatura.

*Socio y vicepresidente de AB Estudio de Comunicación

Opine usted: cbonilla@abestudiodecomunicacion.com.mx
Twitter: @Karlabon
www.estudiodecomunicacion.com/

También te puede interesar:
Marketing de relaciones
Las RP en el Mundial de 2014
El relacionista debe “conocer el mañana”