Opinión

La pequeña ayuda de los amigos

Los expertos en competitividad han establecido que alcanzar la posición del número uno en la materia, Suiza, requiere transitar exitosamente a través de tres etapas claramente identificadas, siendo la primera de ellas la de requerimientos básicos, la segunda la de los impulsores de la eficiencia y la tercera la de los factores de innovación y sofisticación. Según el WEF, organismo que elabora el ordenamiento de muchas economías en materia de competitividad, publicó que México se encuentra en posición 55, habiendo descendido dos posiciones desde la última medición, aunque en la primera etapa estamos ubicados en la posición 63, mientras que en la segunda y en la tercera se ocupa el lugar 55. En la etapa inicial, que son los requerimientos básicos, un componente importante son las instituciones, ahí nuestro país ocupa la posición 96 y en materia de salud y educación primaria, estamos en el lugar 73. No hemos hecho ni la tarea completa y lo que hemos hecho, lo hemos logrado a medias.

En la segunda etapa, que identifica los impulsores de la eficiencia, nada más destacamos en el tamaño del mercado, en donde ocupamos el lugar 11, quizá por el tamaño, aunque si fuera por poder adquisitivo podríamos estar mucho peor. En la eficiencia del mercado de trabajo estamos en el lugar 113, en educación superior y capacitación ocupamos el lugar 85, en los mercados de bienes el lugar 83 y en adaptación a nuevas tecnologías estamos en la posición 74. Para terminar el ordenamiento, si observamos los componentes de la tercera etapa, ocupamos el lugar 61 en innovación y el 55 en sofisticación de empresas. Estas dos últimas calificaciones se obtienen a través de encuestas, ya que hasta donde este pupitre conoce, no existen en el país indicadores al respecto, así que debe ser una autoevaluación, por lo que no extraña el optimismo con el que nos vemos, aunque quizá siendo realistas estaríamos mucho más abajo. Esto lo inferimos simplemente del dato que sí se publica y que establece que en México la inversión en investigación y desarrollo es apenas de 0.4 por ciento del PIB, siendo la mayoría inversión pública, porque privada casi no existe.

Dicen los expertos que dadas las condiciones de la economía global en la actualidad, cualquier economía puede incursionar en ella, hasta donde su potencial le permita, sin que esto cause que los términos de intercambio se reviertan, tal y como pasaba cuando se identificó la enfermedad holandesa. Esto, profundizando un poco, significa que cualquier economía puede crecer tan rápido como sea su capacidad para invertir, siempre y cuando tenga alguna ventaja competitiva. La gran pregunta, luego de 30 años de crecimiento muy bajo en el país, es: ¿Tenemos alguna ventaja competitiva? Yendo un poco más lejos en el tema, aseguran los expertos el conocimiento, la tecnología y el know how que la economía global posee en la actualidad, adquirido a lo largo de muchas décadas, puede ser transferido a gran velocidad a los países en desarrollo. Todo lo que se requiere es una pequeña ayuda de los amigos, ¿de quienes? Lo que se requiere es un pequeño flujo de inversión interna, que actúe como el canal o mecanismo de transmisión, para que una economía crezca a tasas nunca antes vistas y que no será posible alcanzar de algún otro modo.

Dicen los empresarios que estamos en recesión y que por la reforma fiscal terminó de inhibir la inversión, aunque, llevamos apenas cuatro meses con la reforma inhibidora y la economía no ha crecido en los últimos 30 años por lo menos. Las reformas, aun en caso de aprobarse en tiempo y forma, no serán suficientes. Necesitamos inversión, una pequeña ayuda de los amigos.