Opinión

La peculiar izquierda mexicana

Ser de derecha o de izquierda en el espectro político resulta para algunos un asunto de conveniencia más allá de dogmas y convicciones profundas que marcan un camino a seguir y una meta que alcanzar. Conveniencia que además se apropia de banderas que resultan ser del interés de todos.

Sin embargo, si nos inclinamos a la ortodoxia, podemos afirmar que la izquierda se inserta en una corriente progresista y revolucionaria, que busca cambiar el status quo.

Así pues, cuando hablamos de izquierda como espacio amplio y diverso, con sus resentimientos propios y arraigados, es la que decide adoptar el cambio como estandarte y la transformación como esperanza.

Dicho cambio se fundamenta en la justicia social y en mejores condiciones de vida que se enfrentan a la derecha etiquetada con adjetivos como: conservadores, retrógradas, apartados de la lógica y apartados de la esperanza.

Más allá de los conceptos, distingue a los actores y genera una expectativa a su comportamiento, sin embargo, en México la izquierda ha resultado “peculiar” por llamarle de algún modo.

La izquierda partidaria en México quiso contribuir al tan anhelado cambio vía su participación en el Pacto por México y hoy le teme a los resultados. La izquierda hoy, por cierto como toda su historia dividida, teme a la esperanza, la izquierda en México, aferrada a un pasado que debe transformarse, busca retroceder, postergar el camino del futuro, es una izquierda que teme al cambio, pero que tampoco aclara qué quiere, en una especie de esquizofrenia política.

México vive un cambio de paradigmas propios de la necesidad de alcanzar un piso básico de justicia social que no ha sido posible por la falta de crecimiento, entre otros factores.

Cambio de paradigmas ajenos a la improvisación y probados e instrumentados en países con gobiernos de distintas ideologías.

La izquierda en México se opuso al cambio histórico más importante de las últimas décadas al negarse a la reforma energética, la cual representa en México una oportunidad progresista de elevar el crecimiento y con ello generar empleos y por esa ruta combatir pobreza y desigualdad.

A pesar de la negación de la izquierda, México ha virado en la historia, con paso valiente, firme y convencido de la transformación, tiene nuevo rumbo, y por tanto esperanza, reformando la industria energética, reforma más difícil por su carga ideológica e histórica que además resulta ser vital para nuestro crecimiento y desarrollo.

Michel Rocard escribía en 1986 en ¿Coherencia o Ruptura? Que “Las sociedades no progresan a menos que las fuerzas políticas y sociales sepan, según la bella fórmula de Victor Hugo, medir la cantidad exacta de futuro que se puede introducir en el presente”.

México hoy puede hablar de un futuro distinto; el conjunto de reformas se unen y se centran en elevar la calidad democrática, su instrumentación debe acelerarse y traducirse en mejores condiciones de vida para los más de 50 millones que viven en la pobreza, para aquellos que buscan un empleo, y mejor pagado, para elevar el crecimiento y la productividad. Las reformas recién aprobadas incluso en su legislación secundaria deben ser vistas como un logro de todos.

Lamento que la oferta política de la izquierda resulte conservadora, resulte temerosa, y actúe en los hechos por mantener el status quo. Sin duda las perspectivas electorales causan temor, pero retomo a Michel Rocard: “la clave es siempre la misma: la izquierda gana cuando su proyecto vale para todos, pierde cuando ella se defiende oponiéndose”.


Secretario de Acción Electoral del CEN del PRI.