Opinión

La paz se aleja del Congo una vez más


 
Todo parecía estar listo para la firma de la paz el lunes en Entebbe, Uganda, entre el Movimiento 23 de Marzo y el gobierno del presidente de la República Democrática del Congo, Joseph Kabila. Algo, sin embargo, ocurrió a última hora y las dos partes se culpan mutuamente por el colapso de las pláticas, que puede llevar a la reanudación de la guerra.
 
Ya lo advertía Russ Feingold, enviado especial de Estados Unidos para la región de los Grandes Lagos: Sin una cumbre que supere las diferencias entre Kabila y los dirigentes de sus países vecinos, Uganda y Ruanda, el frágil proceso, paralelo al acuerdo marco que impulsan Washington y la Unión Africana, corre el riesgo de romperse. Y eso fue lo que sucedió. El M23, encabezado por Bertrand Bisimwa, y la delegación gubernamental no lograron consenso en torno al documento que oficializaría la derrota militar del primero, que abandonó apresuradamente la rica zona minera limítrofe del este en su poder.
 
Lambert Mende, vocero de los enviados de la lejana Kinshasa, capital de un gigante africano con los recursos naturales suficientes ––como oro, diamantes, cobalto y maderas preciosas–– para abandonar la pobreza y remontar veinte años de conflictos étnicos que estallaron tras la caída del dictador Mobutu Sésé Seko, responsabilizó del fracaso a Uganda, que protegió abiertamente a los rebeldes tutsis.
 
 
Pendiente
 
 
En el aire quedaron, por lo pronto, temas como la amnistía para Bisimwa y otros líderes del M23, que se alzaron en armas hace veinte meses tras desertar del ejército denunciando el incumplimiento de un tratado previo, suscrito en 2009. Uno de los probables desacuerdos fue la suerte de Sultani Makenga, jefe militar de la insurgencia y quien se hallaría refugiado en Uganda, donde el régimen de Yoweri Museveni, que enfrenta a su propia guerrilla, advirtió que no entregaría a unos mil 500 rebeldes que entraron a su territorio en los últimos días, abrumados por el poder de fuego de Kinshasa y de las fuerzas de Naciones Unidas, las más numerosas que se hayan formado para una misión de los cascos azules.
 
Según The Christian Science Monitor, de 5 a 6 millones de personas han perecido en este largo conflicto olvidado, que tocó fondos infernales con la violencia sexual contra mujeres y niños y que no puede desligarse, en el contexto regional, del genocidio ruandés en 1994. Los tutsis, masacrados por la mayoría hutu, tomaron finalmente el mando en Kigali, pero las milicias hutus se hicieron fuertes cruzando la frontera en el Congo, escenario de lo que algunos expertos han llamado la “primera guerra mundial africana” por los múltiples actores involucrados.