Opinión

La participación es la nueva innovación 

Jim Whitehurst
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Oficina de Scotiabank Banco, que lideró el ranking 2015 de equidad de género. (Braulio Tenorio)

El autor es presidente y director general de Red Hat.

Vivimos en una época de grandes cambios, en donde la tecnología es un motor principal de dichas transformaciones. Seguir el compás de estos cambios, y así superar los retos que implican, demandará ideas innovadoras y nuevas soluciones creativas. Pero muchos de los desafíos que enfrentamos -como la caída de la productividad o el cambio climático- son increíblemente grandes como para que los encare sólo una persona o empresa en particular.

Hay que buscar formas de trabajar en conjunto, y eso tiene un requisito: estar dispuestos a abandonar nuestra forma de pensar acerca de cómo se hacen las cosas; debemos adoptar la noción de que la participación es la nueva innovación.

¿Por qué la participación? Porque vivimos en una era distinta. Los molinos fabriles iniciaron la primera Revolución Industrial, y las pequeñas máquinas eléctricas impulsaron la Segunda. Con la aparición del microchip, la PC nos llevó a una Tercera Revolución Industrial.

Las estructuras corporativas de hoy se crearon a partir de los avances forjados durante dichas épocas. Por eso, la mayoría de las organizaciones impulsa la eficiencia en entornos estáticos, como el lugar de trabajo o un aula.

En esta nueva etapa, ¿cómo inspirar la innovación en las personas?, ¿cómo lograr que conciban ideas revolucionarias, a la altura de la creación de la máquina de vapor o de la PC? La respuesta: aceptar el poder de la participación y la innovación abierta. Cuando podemos reunir grupos de personas de diferentes organizaciones y disciplinas, y les damos la libertad de trabajar juntas, nuestra capacidad de innovar es mucho más grande.

Justo lo que ocurre en el desarrollo de soluciones de código abierto, en donde no se trata de obtener la mejor solución individual de entre miles de personas, sino de llegar a una mejor solución a partir de miles de personas laborando colectivamente.

Como analogía, veamos el caso de una orquesta, la cual se integra por varios músicos individuales, cada uno con habilidades y talentos propios. En ella, la función del director es lograr que esas personas se amalgamen de forma tal, que la música que crean sea mejor que lo que cada uno de los ejecutantes podría producir por sí mismo.

En lugar de trabajar en forma jerárquica, los directores más talentosos sólo construyen las condiciones para que los músicos colaboren entre sí.

Lo mismo debe aplicar en la forma en que trabajamos: no se debe impartir una orden instando a alguien a “innovar”. Los líderes empresariales necesitan generar las circunstancias ideales para permitir que las semillas de la innovación germinen a través de la participación.

Asimismo, para sobresalir necesitamos una pluralidad de talento.
Independientemente de cuán grande sea una organización, siempre habrá más gente inteligente y con opiniones y experiencias distintas fuera de sus paredes que dentro. Si quiere maximizar su potencial de innovación, necesitará aprovechar esos recursos aún cuando estén en otras empresas o geografías.

En Red Hat, todos los días, observamos el poder de la participación en el ámbito del código abierto, donde la innovación impulsada por el esfuerzo colectivo es la que sustenta los avances en Cloud Computing, movilidad y Big Data.

Nuestra habilidad para aprovechar e incentivar la capacidad creativa de miles de millones de personas de todo el mundo será la que determine el ritmo del progreso humano en el próximo siglo.