Opinión

La otra reforma en el sector petrolero


 
 
En los próximos días podríamos conocer una gran reforma en el sector petrolero de la que, por cierto, poco se habla.
 
Se trata de una revisión profunda del contrato colectivo de trabajo entre Pemex y el sindicato que encabeza Carlos Romero Deschamps.
 
Cuando, en el último día de febrero, ocurrió la aprehensión de Elba Esther Gordillo, se especuló respecto a la posibilidad de que también hubiera alguna acción en contra del líder petrolero.
 
 
En realidad, no iba a darse porque Romero Deschamps era indispensable para conseguir lo que ahora se busca en la negociación del nuevo contrato colectivo.
Había muy alto riesgo de que una dirigencia emergente del sindicato no tuviera el control necesario de la estructura gremial para procesar cambios como los que se pretenden.
 
Pemex quiere ir a fondo y le ha pedido a su sindicato cambios muy profundos en materia del esquema de retiro, con una transición como la que se dio entre los asegurados del ISSSTE a un esquema de ahorro individual.
 
También hay otros cambios relevantes, como prestaciones específicas que se ajustarían, y está sobre la mesa la operación del servicio médico, que tiene condiciones privilegiadas.
 
 
La mayor parte de los aspectos todavía están sujetos a negociación. Sin embargo, la pretensión de la nueva administración es que ahora sí haya un cambio de fondo.
 
 
Los dos temas críticos son el asunto de las pensiones, pues los pasivos laborales requieren frenar su crecimiento para dar viabilidad financiera a la empresa; y el otro es una reducción global del costo del contrato colectivo, junto con una mayor flexibilidad en la asignación de personal, pues de lo contrario Pemex quedaría fuera de competencia en un esquema de apertura del sector a la competencia.
 
 
El sindicato petrolero no va a ceder ninguno de estos puntos a la primera. La dirigencia del STPRM sabe tanto el poder que tiene como las vulnerabilidades que le aquejan.
 
Ni va a convertirse en un obstáculo inamovible ni tampoco va a ponerse de tapete a las demandas de la empresa. Pemex tendrá que pagar facturas.
 
 
Probablemente, éstas serán el mantener diversos privilegios del contrato para el conjunto de los trabajadores como ventajas para la dirigencia, que por lo pronto no va a estar en riesgo.
 
 
Uno de los temas relevantes que estarán sobre la mesa es que, en el caso de las actividades de las empresas privadas que eventualmente se dediquen a la producción de hidrocarburos, no tengan que contratar a sindicalizados del STPRM.
 
 
No sé finalmente cuál vaya a ser el resultado de la negociación. Nos enteraremos de lo que al final quedó en el curso de la próxima semana. Sin embargo, recuerde lo que pasó en los dos últimos sexenios.
 
 
Con Vicente Fox, y específicamente durante la gestión de Raúl Muñoz Leos, el sindicato recibió cada vez más, como aquel monto por más de 7,000 millones de pesos para el sindicato acordado en 2004.
 
 
Con Calderón hubo cierto avance en poder reasignar trabajadores que perdían su materia de trabajo, pero no hubo ninguna pérdida significativa en ventajas.
 
 
Sólo hasta esta administración pareciera haber la determinación, no sólo de hacer la siempre pospuesta reforma energética sino también cambiar las relaciones laborales en Pemex.
 
Entiendo que en esta coyuntura se requiera la permanencia de la actual dirigencia sindical. Sin embargo, ojalá que la propia dinámica del sector permita que pronto personajes como Romero Deschamps queden en la galería de los recuerdos de la historia política de México. Y si hubiera una oposición completa del sindicato a los cambios... pues entonces hay más de uno que que tiene una cola suficientemente larga como para que sea facilmente pisada.
 
 
 
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