Opinión

La oposición rendida a su rival

 
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El priista que todos llevamos dentro. (http://www.gandhi.com.mx/el-priista-que-todos-llevamos-dentro)

Un burro simboliza a los demócratas, un elefante a los republicanos y un dinosaurio al PRI. Seres de otro tiempo, los priistas, perviven en el nuestro. El rostro de su partido ¿es el de México? El PRI está presente como partido y en los partidos de sus rivales. Su huella aparece en los ritos políticos, en el estilo, en los defectos y virtudes de la oposición. Al PRI, desde la oposición, se le critica, y se le admira. Son cumplidos, dicen. Saben llegar a acuerdos. Son nacionalistas. Son muy disciplinados y unidos en tiempos de campaña. Saben gobernar. Crean instituciones perdurables. Pero también: son corruptos. Cínicos. Dueños de un pragmatismo acomodaticio. Avanzan porque transan.

María Scherer y Nacho Lozano ponen a discusión en un libro la pregunta: ¿llevamos todos los mexicanos un pequeño priista en nuestro interior? Para responderla entrevistan a una treintena de políticos, escritores, sociólogos, artistas e historiadores. El libro (El priista que todos llevamos dentro, Grijalbo, 2016) abre con una conversación con Soledad Loaeza pero quizá, más interesante, hubiera sido abrir con la entrevista a Roger Bartra, quien afirma: “no creo que haya una cultura priista que emana del alma del mexicano porque no creo que exista ningún alma del mexicano”. Se trata de una metáfora, señala el antropólogo. Lo que llamamos cultura priista es en realidad cultura nacionalista revolucionaria, su más acabado producto.

Como partido no gobernó 70 años el país. Como partido –en la correcta acepción del término– sólo ha funcionado 12 años, los que fungió como oposición del panismo. Antes no fue propiamente un partido sino el brazo electoral del gobierno.

Las decisiones se tomaban en Los Pinos o en Gobernación y las ejecutaba el PRI.

No es una institución monolítica, tiene sectores activos, forma cuadros (que nutren a todos los partidos), es el único partido que tiene representantes en todas las casillas en todas las elecciones. “El priismo –dice Soledad Loaeza– es populismo, clientelismo, patrimonialismo”.

Hunde sus raíces en la historia de México. El patrimonialismo y la corrupción, comentan varios de los entrevistados en este libro, vienen desde la Colonia, son características que el PRI adopta y perfecciona.

El PRI abreva de las costumbres de los mexicanos. El PRI, se repite varias veces a lo largo del libro de Scherer-Lozano, es como México. El PAN, de derecha, quisiera derechizar el país, y el PRD y Morena izquierdizarlo. El PRI, que a veces es de derecha y en otras de izquierda, lo que quiere es gobernarlo, tener poder, y con el poder, dinero; y quedarse con una buena tajada.

¿Cómo es que el PRI regresó al poder? Entre otros muchos factores, porque desde la oposición se le admira. Para el senador panista Roberto Gil Zuarth, “el priista es un gran pragmático”, “es profundamente disciplinado”, “son cumplidores”, menciona que admira a Manlio Fabio Beltrones porque “está imbuido de las nuevas tendencias y las nuevas discusiones” y que “en el PAN no veo a nadie con esas características”.

Para el dirigente perredista Guadalupe Acosta Naranjo “hay priistas que efectivamente son nacionalistas, son gente que se preocupa por la sociedad”, y se pregunta: “¿Quién hizo el Seguro Social, el ISSSTE?

¿Quién hizo nuestro sistema de pensiones? ¿Quién hizo el Politécnico y quién dio autonomía a la UNAM?” Por su parte, Porfirio Muñoz Ledo recuerda “ese PRI que privilegiaba lo que entendíamos por interés nacional y por autonomía respecto al exterior”.

Para la excandidata del PAN a la Jefatura de Gobierno, Isabel Miranda de Wallace, “los mejores políticos con los que he podido trabajar son los priistas. Son gente seria”. El exdirigente nacional del PRD, Agustín Basave, lo tiene claro: “El PRI tiene los políticos más astutos y sagaces de México, con mucho”. Ifigenia Martínez de plano no puede “negar que tengo cierto gusto de que (los priistas) hayan regresado al poder”. Para Graco Ramírez, gobernador perredista, el priista ya no es cerrado, “hoy el priista ya ha aprendido a ver a sus oponentes políticos”.

Para el perredista Zoe Robledo los priistas “sí tenían un apego a la historia, a la literatura, a la lectura de los clásicos, al conocimiento del país”. Según René Bejarano, los priistas saben gobernar, “tienen sentido de gobierno y algunos han sido estadistas”, el PRI “fue el promotor de una política internacional juiciosa, responsable, seria”. Con una oposición así, ¿quién necesita amigos?

El PRI impuso en México una forma de hacer política esencialmente antidemocrática. Fue un elemento muy importante (el central fue el presidencialismo) del sistema político mexicano, sistema que se fracturó irremediablemente con la transición del 2000. Ahora el PRI es un partido más. Es el partido eje, los demás se definen a partir de él, copian sus formas y su estilo de hacer política. Y, como se vio en el consenso partidista en torno al nombramiento del titular de la PGR, la oposición está rendida a su rival.

Twitter:@Fernandogr

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