Opinión

La oportunidad que no debemos perder


 
 
En México nos hemos especializado en perder oportunidades.
 
Por lo menos han existido tres ocasiones en las que fue factible un mejor resultado en lo económico y en lo político, y nuestros errores como país lo echaron por la borda.
Vale la pena revisar esos casos para tenerlos presentes, ahora que se configura una nueva ocasión para un mejor desempeño del país:
 
1.- El desastre de Echeverría. El dedazo de Gustavo Díaz Ordaz hacia su secretario de Gobernación desencadenó un caos en la economía.
 
Aunque el llamado ‘desarrollo estabilizador’ ya tenía síntomas de desgaste, su sustitución por la gestión echeverrista llevó a un desastre.
 
Dado que en la primera mitad de la década de los 70 se desencadenó la inestabilidad mundial, con el fin de los tipos de cambio fijos y el alza de 200% en los precios del petróleo, hubiera sido necesaria una administración pública extraordinariamente prudente para lograr que México saliera bien librado de esa turbulencia y mantuviera tasas altas de crecimiento.
 
En lugar de ello, se generó un caos en las finanzas públicas; un excesivo endeudamiento externo; inflación y una devaluación tardía, así como encono social.
 
 
El país perdió en 6 años una estabilidad construida por más de 2 décadas.
 
 
Si el PIB hubiera seguido creciendo como en la década de los 60, hoy el ingreso per cápita sería 85 mayor que el actual y estaría por los 18,000 dólares.
 
2.- La ‘desadministración’ de la abundancia. México se sacó la lotería en 1972. El pescador Rudescindo Cantarell detectó en ese año frecuentes manchas de aceite en la sonda de Campeche, a unos 70 kilómetros de la costa.
 
 
Los ingenieros de Pemex, entonces dirigidapor Antonio Dovalí Jaime, indagaron y detectaron un yacimiento que luego supimos que era de los supergigantes.
 
 
Dicen versiones de viejos ingenieros en Pemex, que la dimensión del descubrimiento le fue ocultada al gobierno de Luis Echeverría, de quien tenían muy mala opinión.
 
 
Así que fue hasta el sexenio de López Portillo, en el Pemex dirigido por Jorge Díaz Serrano, cuando se hizo público el tamaño de Cantarell, como se bautizó al yacimiento.
 
 
Hasta el 63% de la producción nacional provino de ese yacimiento. La producción, entre 1979 y 2010 fue de 13,711 millones de barriles.
 
 
A precios actuales, esto significa algo así como un promedio anual de 16,000 millones de dólares por 31 años, es decir, casi 500,000 millones de dólares acumulados.
 
 
¿Cuánto cambió el país a partir de esa abundancia de recursos? No lo que necesitamos. Otra oportunidad perdida.
 
 
3.- El año que todo se vino por la borda. Hasta el 31 de diciembre de 1993, las estrellas parecían alineadas como nunca antes para México. Se había suscrito y ratificado el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica; se había privatizado la banca y se habían hecho reformas estructurales en el sistema fiscal; en el campo; en el ámbito regulatorio.
 
 
El país parecía encaminado a crecer en el sexenio de Colosio, recién destapado candidato del PRI.
 
 
Pero llegó 1994 con la insurrección en Chiapas; siguió el asesinato de Colosio; la fuga de capitales; la inestabilidad y la violencia, y el resultado fue el desastre económico al final de ese año. Parecíamos 'condenados' a crecer y avanzar en la equidad. El resultado fue el opuesto.
 
 
No hay que olvidar estos episodios que han marcado por muchos la historia del país.
 
Si la elección de Díaz Ordaz hubiera sido Ortiz Mena, quizás la historia hubiera sido otra; si López Portillo hubiera tenido contrapesos a su frivolidad, tal vez el país estaría en otro lado; si el salinismo hubiera sido menos soberbio y más cauto, tal vez tendríamos más años de crecimiento.
 
 
Aprendamos esas lecciones antes de que esta nueva oportunidad, 'el Mexican Moment', se añada a esta lista de intentos fallidos.
 
 
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