Opinión

La oportunidad es más efímera de lo que se cree


 
 
Se dice que es más fácil notar desde afuera por qué México tiene una oportunidad histórica para crecer aprovechando el complejo e inusual entorno internacional; es cierto. Sin embargo, desafortunadamente, tampoco parece apreciarse el motivo por el cual hay muy poco tiempo qué perder.
 
 
No me cabe duda de que estamos entrando a un ciclo de bajo crecimiento económico a nivel mundial. Durante los primeros 8 años de este siglo, los grandes detonadores de crecimiento fueron las potentes economías de Estados Unidos y Europa. En ambos casos, se beneficiaron de procesos de endeudamiento, avalados por el alza en el precio de bienes raíces en sus ciudades. Esto permitía a las familias gastar mucho, sin tener que preocuparse por ahorrar; sus casas ahorraban por ellos, al revaluarse constantemente.
 
 
Posteriormente, al reventar la burbuja crediticia e inmobiliaria, la pérdida de valor en el mercado inmobiliario hirió a los bancos, afectados por altos niveles de cartera hipotecaria vencida, y en muchos casos a los gobiernos, que tuvieron que absorber parte del quebranto al rescatar a sus sistemas financieros.
 
A nivel mundial, sin embargo, el vertiginoso crecimiento económico de China, la segunda economía más grande del mundo, permitió que muchos países proveedores de materias primas –Brasil, Chile, Perú, Canadá, Australia- también crecieran. Ahora ese motor empieza a apagarse gradualmente y contagiará a los demás.
 
 
El Banco Mundial espera que el crecimiento económico mundial sea de 2.2% en 2013, entre 2004 y 2007 el mundo creció alrededor de 5% anual en promedio. El problema del bajo crecimiento amenaza con ser duradero. Las economías desarrolladas envejecen y tienen que desendeudarse, lo cual ocurrirá en forma gradual y ordenada, en el mejor de los casos; en el peor, no tanto.
 
Europa seguirá mostrándose capaz de generarle a sus pueblos dolor de corto plazo para intentar resolver problemas de corto plazo, pero manteniendo intactos sus enormes problemas estructurales que parecen hoy más lejos que antes de resolverse. Japón, la tercera economía del mundo, seguirá intentando echar mano de todo recurso artificial para crecer, también evitando hacer frente a sus enormes problemas de fondo: un endeudamiento del Estado que es 2.4 veces del tamaño de su producción económica anual, y una población tan vieja que la demanda por pañales para adulto rebasa a la de pañales para niño.
 
 
Y, mientras tanto, México aparece en la escena internacional como un país joven y viable. Tenemos una situación fiscal que envidiaría cualquier país desarrollado, a pesar de que ciertamente hay que incrementar primero drásticamente la eficiencia del gasto público, y después traer a nuestro sistema de recaudación de impuestos al siglo XXI, simplificándolo de verdad, trayendo a millones de mexicanos a la economía formal y sólo ofreciendo subsidios y sistemas de ayuda a quienes participen de ésta.
 
 
Hoy, decenas de grandes empresas europeas se dan cuenta de que la única forma que tendrán de mantener su competitividad es, de hecho, sacando su producción de Europa y tratando de tener acceso a la provisión de energía estadounidense capaz de generar gas a la quinta parte del costo que se paga en el viejo continente por gas ruso. Buscan también participar en una plataforma de producción de manufacturas norteamericanas (que conste que me refiero a Estados Unidos-México-Canadá) que también será dominante, no sólo por el bajo costo de energía, sino también por los revolucionarios procesos de digitalización de manufacturas de los que hablaré en otras columnas.
 
 
Para esas empresas europeas, la decisión hoy está entre establecerse en México o hacerlo en estados right-to-work estadounidenses (es decir, aquellos donde la participación en los sindicatos de las empresas no es obligatoria).
 
 
La decisión se dará a favor de México en el instante en que el gobierno de Peña Nieto se muestre capaz de pasar reformas de fondo, de “resolver problemas estructurales con reformas estructurales”, utilizando la frase del propio presidente. Pero, si ese no es el caso, decenas de miles de millones de dólares de inversión directa buscarán otros horizontes. Con frecuencia, a nuestros políticos se les olvida que tenemos competencia.
 
México no tiene tiempo qué perder. La ventana está hoy ahí, pero no sabemos qué crisis económicas internacionales asechan. Nuestra hoy joven población lo será menos cada día.
 
 
Estamos en deuda con ellos, tenemos que darles la posibilidad de beneficiarse de una oportunidad que jamás se volverá a presentar. No caben demagogia ni soluciones a medias. Como dije antes, la presidencia de Peña Nieto se definirá por la profundidad de la reforma energética. Apuesto a la capacidad de este gobierno para maniobrar políticamente y sacarla adelante, espero no equivocarme.
 
 
Twitter: @jorgesuarezv