Opinión

La odisea de la reconstrucción

 
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Juchitán

*A mi Pau, quien hoy cumple años, haciéndome siempre
inmensamente feliz.


Parecería que la naturaleza se ensaña con las entidades con mayores indicadores de rezago social, como Oaxaca y Chiapas, por eso sufren periódicamente de sequía, inundaciones, huracanes, terremotos, que ante una débil infraestructura el impacto es mayor. Sólo hace unos meses comentaba en El Financiero la necesidad de activar el Fondo de Desastres Naturales (Fonden), para hacer frente al impacto de las lluvias que acabaron con el desastre de la sequía que asolaba al Istmo en el estado de Oaxaca. Días después vino la explosión en Pemex que paralizó algunos días la operación de la Refinería de Salina Cruz. Además, antes hubo un tsunami laboral que dejó a muchos trabajadores de Pemex sin empleo en ese municipio, el tercero en tamaño del Istmo, pero el primero en cuanto a colonias, hoy ya son 92, 9 son las nuevas.

Ha sido larga la historia de los desastres naturales y la utilidad del Fonden, desde su creación hacia fines de los 90, anunciado en San Carlos, Sinaloa. Muchos huracanes que afectaron a Quintana Roo llevándose las playas, con un costo muy alto para su recuperación, en la cual los empresarios locales tuvieron una importante participación, incluso utilizando como garantía de un crédito los ingresos futuros de la Zona Federal Marítima Terrestre.

El huracán Paulina en Oaxaca y Guerrero, que también devastó a la clase política. Muy bien el gobierno de Oaxaca, cuando Diódoro era gobernador, él mismo estuvo al frente de la emergencia y se aplicó en el auxilio a los damnificados; en Guerrero, recibieron al presidente Zedillo con zapatos de charol, y el presidente municipal de Acapulco, regresando de Las Vegas. Resultado, estuvo un general al frente de la reconstrucción.

La reconstrucción de las inundaciones de Tabasco en los primeros años del anterior gobierno estatal, fue difícil y costosa, tan es así que organismos internacionales hicieron una evaluación del costo tan alto de ese desastre, que contribuyó al estancamiento de las finanzas tabasqueñas.

Ni mencionar la tragedia que en 1985 vivió la Ciudad de México. Innumerables muertos, familias enteras desaparecidas, con crisis fiscal en el gobierno federal y una respuesta tardía de las autoridades, que tuvo un alto costo político para ellas.

No ha sido para menos, en el Istmo, 44 municipios con más de mil comunidades afectadas, y en Chiapas el doble de comunidades, con 88 municipios.

La emergencia requiere respuestas rápidas, la sociedad está viva, como se está viendo en la reacción de la gente hacia los centros de acopio, así como sus donativos. Lo mismo el gobierno de la República, cuya reacción ha sido eficiente, así como las Fuerzas Armadas en apoyo de la gente. El sector privado aportando como siempre, las universidades, los burócratas y muchos más. Ayer veía en la TV un buque cargado con ayuda proveniente de Guerrero, rumbo a Oaxaca, donde en los escombros, no se ven varillas, son de adobe, y viejas las construcciones.

Estamos, repito, en la emergencia, pero tienen que empezar la reconstrucción, y aquí habrá que tomar decisiones importantes. Hay recursos reservados en el Fonden, pero sus reglas de operación requieren pari passu, esto es que los estados o municipio pongan la mitad de los recursos, o que se endeuden para poner su parte con los bonos cupón cero. Esto es una opción; sin embargo, los recursos fiscales de libre disposición de los estados y municipios, son muy limitados.

Existe la posibilidad de usar el bono catastrófico, que es un seguro para las finanzas públicas, del cual en unas semanas se sabrá si se pueden disponer recursos del mismo. Por lo pronto hay que usar el Fonden exceptuando por esta vez a Oaxaca y a Chiapas del pari passu. Será imposible que los municipios devastados tuvieran que pedir prestado para poner su parte.

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