Opinión

La nueva ruta

 
    

     

Enrique Peña Nieto

La nueva ruta a que me referí ayer va en sentido opuesto a lo que México hizo durante el siglo XX. El camino para convertir a este país en exitoso es la construcción de 1) un Estado fuerte, limitado por la ley y responsable frente a los ciudadanos (Fukuyama) y 2) una sociedad que celebre la producción de riqueza y desprecie la riqueza obtenida por privilegios (MacCloskey).

En el siglo XX, México tuvo un Estado fuerte, muy fuerte, que no tenía limitación alguna por la ley y su respuesta a los ciudadanos ocurría mediante mecanismos corporativos. Por otro lado, durante todo ese tiempo se despreció a quien generaba riqueza y, como el resto de América Latina, festejamos a los ricos sin importar el origen de su fortuna. En buena medida por eso nos independizamos el siglo anterior, para salvaguardar los privilegios de las elites criollas que enriquecieron obscenamente a fines del XIX y buena parte del XX. Acá en México, ya mezclados con generalotes revolucionarios. Ese camino no da para convertir en rico a un país, ni en democrático. Nunca ha ocurrido.

El derrumbe del régimen en México acabó con los mecanismos corporativos y los sustituyó con otros democráticos, que a nivel federal funcionan razonablemente bien, pero que en muchas entidades aún no aparecen. Pero también debilitó seriamente al Estado, que empezó a ser controlado por poderes fácticos y crimen organizado. Se intentó fortalecer al Estado y permitir la creación de riqueza, sin darle suficiente atención a la limitación de la ley, pero entre 'casas blancas' y economía estancada, no quedó más remedio que aceptar también este paso.

Sin embargo, el fortalecimiento del Estado pasa por el debilitamiento de los grupos que se habían acostumbrado al poder. Empresarios que no terminan de entender que deben pagar impuestos, u otros peores que siguen sin aceptar la competencia. Sindicatos y centrales campesinas que viven de saquear al Estado (porque ya prácticamente sólo ahí hay sindicatos). Y quienes rechazan la nueva ruta por cuestiones ideológicas, que siguen quejándose del TLCAN, y ahora le suman la reforma energética.

Aunque la cantidad de enemigos, y su dispersión, les ha impedido construir una amenaza real frente al Estado, no ha sido igual en el tema comunicacional. Ahí, al sumar las quejas de empresarios, las manifestaciones (violentas) de maestros y a veces campesinos, las ocasionales matanzas y golpes espectaculares del crimen organizado, el ánimo se desploma. Más, cuando la economía apenas se mueve.
Todo esto, le decía ayer, tengo la impresión que es perfectamente comprendido en el gobierno, pero no pueden responder, porque sus formas, sus costumbres, lo que saben hacer, se los impide. Educados en el viejo régimen, a pesar de que entiendan la necesidad de movernos en otra dirección (y por eso el Pacto por México), no parecen capaces de guiar.

Pero tampoco se percibe alguien que pudiera sustituirlos en ese papel. Los empresarios han sido de gran importancia en la promoción de varias iniciativas civiles, incluyendo el sistema anticorrupción, pero su obsesión con lo fiscal es difícil de entender. Varias organizaciones han tomado algún tema y lo impulsan muy bien, pero no tienen el alcance global indispensable para guiar al país entero. Debería ser trabajo de los partidos políticos, pero ya veíamos la doble personalidad del PRI, y el PAN no parece encontrarse en mejores condiciones. De la izquierda, ni hablar.

¿Qué ocurrirá primero? ¿Logrará el gobierno deshacerse de sus formas? ¿Aparecerá otro liderazgo transformador? ¿Nos quedaremos atorados un par de sexenios, como la vez anterior? Como decían antes, no se pierda el siguiente episodio.

Twitter: @macariomx

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