Opinión

La nueva filosofía de inversión global


 
En los primeros diez años de este siglo, tanto las grandes empresas transnacionales como los fondos de inversión global apostaron fuertemente al desarrollo de China, canalizando gran cantidad de recursos a ese país, por su alto potencial de crecimiento y sus muy bajos costos laborales. La entrada de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001 marcó un cisma en el que este país oriental se convirtió en el exportador más grande del mundo, particularmente de manufacturas, así como en un fuerte importador de mercancías genéricas (o commodities). En este sentido, los países que exportan principalmente commodities, como Brasil, la India y Sudáfrica, entre otros, se convirtieron también en destinos muy importantes de inversión extranjera directa y de cartera. Con las iniciales de estos países -Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica- se podría formar la palabra BRICS, 'ladrillos' en inglés; un banco de inversión estadounidense popularizó la palabra.
 
No obstante lo anterior, el mundo ha cambiado, en parte a raíz de la crisis financiera global de 2008-2009, cuyos vestigios continúan golpeando a las economías y los mercados financieros. Estos cambios dejaron un modelo chino desgastado, con costos laborales mucho más altos y desaceleración económica. Hoy, la nueva administración china planea los cambios estructurales que deben llevar a cabo para continuar en la senda de crecimiento en la nueva realidad mundial.
 
Asimismo, los países que se beneficiaban del crecimiento de China también están enfrentando problemas para crecer, en particular porque no llevaron a cabo reformas estructurales durante los años de bonanza con las inversiones impulsadas por la gran apuesta a China. Estos países hoy se encuentran lejos de ser economías de mercado, que les permitiría tener otras fuentes de crecimiento.
 
 
Este cambio de paradigma está moldeando la nueva filosofía de inversión global. Con una economía europea aletargada en su lucha por retomar el crecimiento económico, bajo un círculo vicioso que comienza con medidas de restricción fiscal, que limita el crecimiento y que, a su vez, hace más difícil el cumplimiento de metas fiscales, Estados Unidos se ve como la primera economía que saldrá de esta fase de crecimiento lento. Con una economía renovada, en la que se han ido limpiando los balances de las familias y de los bancos y que además, presenta circunstancias para una reindustrialización -con buena infraestructura, innovación tecnológica y costos muy bajos de gas natural-, Estados Unidos se está convirtiendo en el destino más importante para invertir. Esto no sólo se ha reflejado en la inversión en cartera, dado el fuerte incremento que ha observado el índice bursátil S&P500 de EU durante el año (18.2%) -relativo al índice bursátil de Shanghai, China (-7.9%), o al Bovespa de Brasil (-29.4%, por ejemplo-, sino también en temas de inversión directa, en donde, por ejemplo, Estados Unidos ahora se ubica como el destino principal de inversión -por primera vez desde 2001 (curiosamente el año en el que China entró a la OMC)-, de acuerdo con el Índice de Confianza de la Inversión Extranjera Directa, que calcula la consultora internacional AT Kearney.
 
 
De la misma manera que los BRICS se beneficiaron de las inversiones y del gran crecimiento de China en la primera década de este milenio, ahora países ligados económicamente a Estados Unidos, como Canadá y claramente México, se beneficiarán de esta nueva filosofía de inversión global, en la que además, ahora se otorgará un mayor valor a ser economías de mercado y tener sólidos fundamentos macroeconómicos. Existen ya muestras de este cambio de filosofía en el caso de México. Por un lado los extranjeros han aumentado su tenencia de bonos gubernamentales denominados en pesos de menos de 20 por ciento a finales de 2009, a poco más de 55% actualmente -a pesar de la mayor volatilidad de los mercados-, y por otro lado, México entró en la lista de los diez primeros destinos de inversión directa este año en el índice de AT Kearney. En este sentido, si bien estoy optimista respecto de la pronta aprobación de más reformas estructurales en México, aun sin éstas, se está escribiendo una historia muy prometedora para nuestro país en los próximos años.
 
 
 
Twitter: @G_Casillas
 
 
* Director General de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.