Opinión

¿La nueva Cuba?

1
      

      

ME Papa Castro

Para quienes hemos cubierto historias en la isla en los últimos diez o 15 años, presenciar el actual desenvolvimiento de los hechos parece increíble. Acercamiento real con Estados Unidos, abierto y público, no en lo oscurito o a través de intermediarios como de facto sucedió por décadas. Viajes del actual líder cubano Raúl Castro no sólo al antiguo mundo comunista. Visitó El Vaticano en los últimos días.

Pareciera que se gesta una nueva Cuba, dispuesta a un nuevo lenguaje y a términos de apertura y negociación con el mundo de forma distinta al pasado. Es sólo la apariencia, porque en los hechos, al interior de la vieja y arrumbada Cuba, no pasa prácticamente nada.

La vida sigue igual que siempre, con los mismos racionamientos, carestías, filas interminables y restricciones múltiples a las libertades. La retórica del embargo, el complot internacional, la bota del imperio y tantos otros está a punto de desaparecer, porque es justamente desde la capital del imperio que salió la voz de una nueva era, el presidente Obama. Voz a la que se suma ahora Francois Holande, presidente de Francia que asume el liderazgo europeo en la construcción de un nuevo diálogo con Cuba.

Esto representa un sin fin de transformaciones, muchas de las cuales el régimen de los Castro es difícil que accedan o permitan.

Resultaría impensable que Washington o París accedieran a levantar el embargo e iniciar nuevas negociaciones de comercio, de turismo, de finanzas, de inversión en Cuba, sin compromisos del gobierno hacia un sistema democrático de competencia partidista. Resultaría difícil de imaginar que se dieran pasos hacia esa nueva relación, sin la condición de libertad mediática, libertad de tránsito –entrada y salida de ciudadanos locales y extranjeros– sistemas de equilibrio para la inversión extranjera.

Tal vez uno de los grandes temas sea el de los miles de cubanos residentes en Estados Unidos que sueñan con volver y reclamar lo perdido, la casa del padre, la finca del abuelo, la fábrica familiar. Existió una ley en los noventas en Estados Unidos promovida por los cubanos de Florida, que estipulaba que los residentes de origen cubano podrían recuperar sus propiedades de la isla en cuanto cayera el régimen. ¿Qué va a hacer el gobierno de los Castro con la “gusanada de Miami”? Ese segmento de la población que han señalado y estigmatizado políticamente desde los tiempos de la revolución, en el primero, segundo y tercer éxodo migratorio.

¿Serán capaces los Castro de reinventarse? ¿Están más cerca de la muerte por causas evidentemente naturales, que de la continuidad eterna de su régimen?

Es difícil saberlo, es difícil hacer un pronóstico. Pero resulta evidente que todos estos cambios no se darán en cascada ni en automático; no sucederá como la rápida transformación hacia el capitalismo galopante y brutal que sucedió en Rusia y algunos países del este europeo después de la caída del Muro. Fidel y Raúl no quisieran irse de este mundo antes de ver a su patria reconstruida, productiva, pujante, pero sin renunciar a los principios de la revolución, a la igualdad educativa, al extensivo sistema de salud que cubre a todos, aunque no alcancen los insumos.

La clave me parece estará en regular los términos de una nueva relación, moderar la entrada del comercio y la inversión internacional, impulsar el surgimiento de una clase empresarial local que no sea aplastada por los extranjeros, y mil cosas más. Pero mantener lo que han construido, abriendo la puerta a todo lo que el mundo les puede dar.

La construcción de ese equilibrio será el eje sobre el cual Fidel y Raúl edifican su mausoleo. ¿Ganó finalmente la revolución?, ¿o será barrida como el partido comunista y las premisas soviéticas de la Rusia post Guerra Fría?

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
Baltimore
¿Y los islamistas en México?
Hillary, una vez más