Opinión

La NO ruta del tequila

Pocas industrias en nuestro país han tenido el crecimiento que ha caracterizado a la industria del tequila. Hace 10 años, en el 2003 se producían 140 millones de litros de nuestra gran bebida nacional, cifra que en 2013 llegó a los 230 millones de litros. Un incremento del 80%. En las exportaciones el crecimiento es parecido: en 2003 se exportaron 100 millones de litros y 170 millones en 2013, de los cuales 76% se exportó a Estados Unidos, aunque llega a más de 120 países. (Ahora con la promesa de crecer en China).

El valor de esta industria en el 2013 ascendió a 997 millones de dólares de exportación y mil millones de dólares de consumo doméstico. Es decir, en 2013 la industria generó ventas por 2 mil millones de dólares. Existen 159 empresas, con más de mil 300 marcas en México, de las cuales 267 se exportan. Genera cerca de 30 mil empleos, 5 mil en la producción del licor y 25 mil en el campo. El valor del concepto Tequila (o good will) tiene un valor estimado de 20 mil millones de dólares.

Traigo a colación estos datos de la industria del tequila, “regalo de México para el mundo”, por la decepcionante visita que realicé en estos días patrios a la mal llamada “Ruta del tequila”. Fuera de un tren que quedó relativamente bien y que se hizo gracias a un crédito del BID, la ruta es un desastre. Si usted hace el recorrido por auto se encontrará un bello paisaje de Jalisco, rodeará el volcán Tequila, pero de paisaje agavero o industria tequilera verá muy poco.

La NO ruta del tequila es un ejemplo claro de la falta de visión de industria y autoridades. Sobran ejemplos de lo que han realizado otros países: en La Rioja, en Burdeos; incluso los vinicultores de Ensenada y el Valle de Guadalupe, en México. Han llevado grandes arquitectos a construir edificios emblemáticos para darle valor a sus casas y marcas; los recorridos son fáciles, didácticos, agradables y llenos de atractivos. En la NO ruta, falta todo: no hay señalización, no hay información, no hay un recorrido por el proceso, un viaje que lleve a los turistas desde las bebidas originales de nuestros antepasados a la destilación y producción industrial de hoy.

Lo que debería ser un polo de atracción turística y cultural es una carretera mala de un pueblo a otro, es decir, de puestos de tacos en el camino, gasolinera, taller mecánico y vulcanizadora, entre uno y otro. Increíble que con ventas de 2 mil millones de dólares anuales los tequileros no inviertan en ello.