Opinión

La negociación con Irán
sería un problema para México

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Irán

La situación geopolítica en Medio Oriente está alcanzando un punto preocupante, particularmente cuando la combinamos con el estancamiento económico mundial que le quita margen de acción en términos económicos y políticos a los gobiernos de países industrializados.

La complejidad del conflicto puede resumirse en el hecho que Estados Unidos simultáneamente pelea junto con Irán y contra Irán. Apoya a Arabia Saudita contra rebeldes houthi que reciben apoyo de Irán en la guerra civil en Yemen y es aliado de Irán en la pelea contra ISIS en Irak y Siria. El conflicto entre árabes y persas (sunitas y chiitas) se extiende a toda la región. Arabia Saudita pasó de tener una influencia sunita decisiva por medio de Al Qaeda y el Talibán en Afganistán, Pakistán y Medio Oriente en general; y ahora Irán la tiene (chiita) mediante Hezbollah en Líbano, Hamas en Israel y el gobierno de Siria.

La complejidad de esa situación crece por la amenaza israelí de no permitir el desarrollo nuclear iraní, que provocaría que Arabia Saudita y Egipto se hicieran rápidamente también de armas nucleares. Además, las declaraciones de Netanyahu en la noche previa a las recientes elecciones negando la posibilidad de un Estado palestino en los territorios que ocupa Israel, complica el apoyo estadounidense y valida las posiciones extremas de grupos terroristas en la zona.

Mientras tanto, Estados Unidos parece estar por llegar a un acuerdo con Irán para acotar su desarrollo nuclear a cambio de levantar las sanciones económicas. Estados Unidos e Irán llevan 35 años sin relaciones diplomáticas. El último esfuerzo por hacer una negociación similar fracasó en 2005. Al no haber supervisión internacional, Irán pasó de tener 164 centrífugas a 19 mil, a pesar de las sanciones económicas.

¿Y a México qué? El precio del petróleo dependerá del desenlace. Sin negociación, crece la posibilidad de una guerra en la región. La presencia iraní en Yemen es particularmente incómoda para Arabia Saudita, pues comparten una larga frontera y, además, el control del mar Rojo y el acceso al canal de Suez están en juego. Un conflicto en la región provocaría el alza en los precios del petróleo. Irán podría incluso tener incentivos para amenazar con el cierre del estrecho de Ormuz como estrategia para acelerar esa alza.

Pero el escenario que parece más probable es que sí haya acuerdo. En ese caso, se levantarían gradualmente las sanciones comerciales a Irán, y eso les permitiría vender su producción petrolera libremente, e importar insumos para recuperar capacidad perdida. Producen cerca de tres millones de barriles diarios, y han tenido posibilidad de exportar la mitad de esa producción, dentro del esquema de sanciones. El aumento en la oferta coincidiría, en forma inoportuna, con un momento de gran escasez de capacidad de almacenamiento, y con la época de mantenimiento anual de refinerías.

Dada la caída en los precios del petróleo, hay mucha producción que se encuentra almacenada, tratando de esperar que haya un mejor precio para venderla, o aprovechando mejores precios en el mercado de futuros. Se estima que Estados Unidos podría estar produciendo un millón de barriles diarios más de los que vende, almacenándolos. En este momento, la capacidad de almacenamiento se encuentra topada. Al inicio de la primavera, además, muchas refinerías reducen su capacidad de almacenamiento debido al mantenimiento de sus instalaciones. Ante la perspectiva de mayor oferta global al liberarse la producción iraní, haría sentido simplemente salir a vender el petróleo almacenado, antes de que los precios caigan más. Sería enteramente posible que viéramos precios mucho más bajos que los actuales.

México tiene una cobertura en los precios de la mezcla mexicana a 79 dólares hasta fines de noviembre. Después de eso, estaremos a merced de lo que decidan oferta y demanda. Podríamos ver una caída a precios muy por debajo de 45 dólares por barril en que se ha vendido la mezcla mexicana en las últimas semanas, con la consecuente caída en los ingresos fiscales. Ya en el primer bimestre del año se reportó una caída de más de 10 mil millones de dólares en los ingresos petroleros mexicanos, antes de considerar el “seguro” que proviene de la cobertura.

México ha logrado diversificar su economía para que la caída en el precio del petróleo tenga un impacto mucho menor al que hubiera tenido hace 20 años. Fiscalmente, sin embargo, el daño sería enorme. Crece exponencialmente la necesidad de racionalizar el gasto público y de redefinir el papel del Estado en la economía mexicana. Hace hoy menos sentido que nunca el despilfarro de recursos a partidos políticos, en proyectos faraónicos, subsidios absurdos y gasto clientelar.

Como dijo Churchill, no hay que desperdiciar una buena crisis. Además de racionalizar gasto, este sería el momento idóneo para hacer una profunda reforma fiscal que repare el bodrio de 2014.

Twitter: @jorgesuarezv

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