Opinión

La necesaria refundación del sur

10 febrero 2014 4:13 Última actualización 08 octubre 2013 5:2

 
Antonio Cuéllar Steffan
 
 
Los eventos han puesto de cabeza el proceso de transformación nacional que tiene en mente el presente gobierno. Pareciera ser el efecto de un huracán que derramó un vaso que se llenaba con chorros apabullantes de noticias desafortunadas: decrecimiento de la economía; incremento de las tasas de secuestro; continuación de la violencia de los anarquistas que se mezclaban con los maestros en la capital; y, al final, dos meteoros cuyas fuerzas unidas fueron suficientes para hundir en el lodo y en la miseria a miles de familias dispersas en los territorios de tres de los estados del sur, de los más pobres del país.
 
 
Se ha presentado ya el debate en el Congreso con relación a la situación que se atraviesa y las acciones que se deben tomar. En la relación de los Poderes Federales y el gobierno local, más allá de los legítimos reclamos que pueden correr por el descuido inherente a la falta de advertencia sobre lo que sucedería, los dimes y diretes se han enfilado a decidir cómo se harán llegar los apoyos económicos y cómo se fiscalizará su debida canalización.
 
 
Las miras en torno de este tema se antojan limitadas. A pesar de que ya se ha advertido sobre la muy añeja causa que pudo dar lugar a la catástrofe –siempre basada en corrupción y aprovechamientos indebidos de terrenos situados en regiones de humedales, inapropiados para asentamientos humanos–, poco se habla de la planeación del crecimiento.
 
 
Porque a pesar del carácter enormemente positivo de la solidaridad y apoyo que otra vez han mostrado todos los mexicanos con relación a los compatriotas que han perdido todo, literalmente, todo; no podemos dejar de ver que no es justo para ellos suponer que su destino los sumergirá en tener que sobrevivir de la misericordia y la limosna del resto de sus hermanos. Se trata de mexicanos que gozan no sólo de toda la capacidad para emprender un camino homogéneo de crecimiento con relación al resto de la república, sino también de individuos que teniendo los mismos derechos para luchar y salir adelante por sí mismos, han sido históricamente olvidados: su espera les concede un derecho de preferencia en la agenda política nacional.
 
 
La desgracia arroja consecuencias que deberán enfrentarse de manera inmediata, pero también acarrea realidades que deben motivarnos para tener proyectos de mediano y largo plazo. Los huracanes, que han arrebatado la vida y el patrimonio de muchos guerrerenses, deben convertirse también el detonador de un nuevo estado de conciencia y de reflexión sobre cómo es que deberán hacerse las cosas para remediar, para siempre, las malas circunstancias de quienes lo han vivido.
 
 
La desgracia enmarca un momento apropiado para que los poderes de la unión y los poderes estatales enfoquen sus esfuerzos para pensar en una refundación del Estado. Hablar de la regulación y planeación de los asentamientos humanos hacia el futuro es insuficiente. La sustentabilidad del crecimiento de los estados del sur está forzosamente ligada con un replanteamiento de su difícil condición geográfica y climatológica; con la categórica necesidad de establecer un orden en el desarrollo urbano, industrial y comercial; y con el compromiso de erradicar una deplorable cultura ajena al cumplimiento de la ley. La desventura proporciona una ocasión para creer en una oportunidad para otorgar una nueva constitución, un nuevo orden de cosas en el que se busque el perfeccionamiento de su primera vocación turística, pero también para entender cómo es que, motivados por la necesidad, los estados del sur deben encontrar en la observancia de la ley una nueva organización y la vía idónea para concretar proyectos que potencialicen el progreso con bienestar para todos.
 
 
No tomar cartas en el asunto para echar a andar una refundación regional, y sólo consolidar programas de asistencia que mengua su autonomía, significaría, desde la perspectiva de quienes son la población más desprotegida, asentada en cientos de pequeñas comunidades a lo largo de la sierra, un falta de visión estratégica para enfrentar un reclamo histórico con la misma vehemencia con la que se están atendiendo otros aspectos igualmente importantes de la vida nacional por parte de esta legislatura.
 
 
La pasividad con relación a este tema, nos debe conducir al planteamiento de la más grande interrogante en términos de estabilidad de las entidades vecinas: ¿qué van a hacer ahora todos esos hombres y mujeres que no tienen sustento ni oportunidad alguna para sobrevivir?