Opinión

La muy buena salud de Pepe Narro

 
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Narro Robles (Cuartoscuro)

Casi fue un accidente. Definitivamente él empujó su carrito contra el mío y en el estrecho pasillo del supermercado no alcancé a cambiar de dirección hasta que centímetros de por medio, él decidió evitar el percance. “'Quiubo', Raúl, ¿qué haces por aquí?” “Lo mismo que tú Pepe, buscando la chuleta” De la sonrisa pasamos a las carcajadas. Era el rector de la UNAM y se daba el lujo de ir de compras o pasear por cualquier rumbo de la ciudad y del país. ¿Lo hará ahora que es secretario de Salud? Es altamente probable que lo siga haciendo y salpicando a todo mundo con su buen humor. Años atrás así lo conocí en casa del doctor Misael Uribe, rodeado de eminencias médicas. Pepe, dueño de datos y anécdotas, analizaba el estado de la economía mundial o las carencias de la sierra norte de Veracruz; de vez en vez lo interrumpían las aprobaciones, las risas y hasta aplausos de los concurrentes.

Tres veces desayuné con él en la Rectoría, en la segunda ocasión le presenté a Agustín Gutiérrez Canet, quien era nuestro embajador en Finlandia. “Dejémonos de solemnidades, llámame Pepe”, así lo recibió y no bien acababa de terminar su plato de nopal con queso panela cuando le pidió a Agustín ver la manera de extender el programa de intercambio con la Universidad de Helsinki. Unos meses después el proyecto pasó a ser una realidad. Así, entre bromas y datos duros sobre la realidad nacional operaba como rector.

Cuando realicé un libro reportaje sobre la salud en México, lo entrevisté siendo director de la Facultad de Medicina. Espero no sigamos segmentando a la población porque ahora resulta que parte de la misma tiene acceso al Seguro Popular y parte no. Entonces hay una nueva división cuando lo que deberíamos hacer es tratar de avanzar en el sentido de contar con un sistema único, con un servicio nacional que integre la multiplicidad de instituciones y de programas que tiene el país.

Es lo que México necesita y merece. Y añadió: No se ha entendido que la medicina es un asunto de política social irrenunciable en un país con tanta desigualdad y carente de tantos satisfactores básicos; necesitamos hacer cambios que trasciendan la óptica meramente circunstancial.

Cuando asciende a la Rectoría tiene un desafío de singular dimensión: ocupará el nicho que con muy buenos resultados ha dejado Juan Ramón de la Fuente. ¿Podría hacerlo? Los saldos están a la vista. La UNAM es una de las universidades más importantes de América Latina y no navega mal entre las destacadas en el mundo.

Debe ser por su probada eficiencia y, de modo significativo, el hecho de que hoy la corrupción es el síndrome con que se ven amenazados todos los políticos profesionales. No es su caso. Quizá por ello hoy es señalado como un posible candidato del PRI a la presidencia. Tal vez lo que haga ruido es que ante el sorprendente desgaste de ese partido, Pepe Narro podría ser quizás el único que no tendría ese lastre. ¿Qué tanto esto es cierto? Un magnífico candidato con un partido que va a contracorriente.

¿Quiénes otros podrían ser postulados? La Secretaría de Gobernación absorbió a la Secretaría de Seguridad Pública y con ello su titular, es de hecho el policía mayor en un país cargado con el voltaje de la inseguridad y la violencia. Los resultados atemorizan a buena parte de la población. Los desaparecidos, las fosas llenas de cadáveres, las prisiones manejadas por sicarios y malvivientes, los muertos de cada día, le otorgan a su secretario una, quizás injusta, pero clara desaprobación. El actual secretario de Relaciones Exteriores tiene un reto inconmensurable: primero disminuir, quien sabe cómo, la percepción de que la situación económica actual es obra suya cuando fue secretario de Hacienda y, segundo, trazar una estrategia exitosa frente al acoso y rudezas de Trump.

¿Tendrá tiempo y, lo que es decisivo, hacerse de un poco de simpatía entre propios y extraños? Ante este panorama, la figura de Narro es esperanzadora.

Imaginémoslo en discursos y acciones frescas, veámoslo en los debates, sus propuestas tendrían la lozanía de lo que hizo en la UNAM y sería lo que los expertos llaman un fotón, es decir, una molécula en cuyo centro anida la aspiración de volverse un punto luminoso. Justo lo que el país necesita.

Twitter: @RaulCremoux

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