Opinión

La mujer mexicana en la política

 
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Asamblea Constituyente


Hacia mediados del año pasado, varios de mis nietos que estudian primaria con los padres jesuitas en Torreón, me invitaron a una ceremonia escolar con motivo de la terminación de cursos. Una gran sorpresa me llevé allí.

Lo anterior en razón de que un club deportivo privado para familias de altos ingresos –o al menos eso supongo-, llevó a cabo el otorgamiento gratuito de una membresía por un año, con derecho a utilizar las instalaciones del club como cualquier socio, a un alumno –y su familia- por cada uno de los seis grados de primaria. Precisamente al alumno del mejor promedio de cada grado.

La población escolar del ciclo primario en ese plantel debe ser del orden de 700 alumnos. Considero que más o menos la mitad niñas y la otra mitad niños. Pues bien, en los seis grados el mejor promedio siempre fue una mujer. Sólo en quinto año, según explicaron, una niña y un niño resultaron empatados hasta las milésimas de punto, razón por la que los organizadores, decidieron otorgar a ambos el premio de la membresía anual.

¿A qué viene lo anterior? A la creciente y mejor participación de las mujeres mexicanas en todos los ámbitos de la vida nacional, empezando por la etapa inicial de toda persona, que es la escolar. En el caso, de 700 infantes de los siete mejores seis fueron mujeres. Es decir, una proporción notoriamente elevada.

Desconozco si en el ciclo de la educación primaria de nuestro país siempre ha sido así, aunque en principio considero que no y espero no estar equivocado. Lo anterior, de ser cierto como creo que lo es, significaría entonces que el papel de las mujeres mexicanas no sólo se ha ampliado, desde la niñez en este caso, sino que lo ha hecho de manera relevante, es decir, con más calidad.

En el ámbito político, y concretamente en el electoral, la participación femenina en nuestro país ha mejorado mucho más que en otros órdenes. Para llegar a estos resultados en materia de equidad entre los géneros femenino y masculino, se ha aplicado la llamada acción afirmativa, es decir, la implantación de mecanismos para evitar la marginación de ciertos grupos y personas. En el caso, de las mujeres en la política. Difícilmente se encuentra otro país que registre los avances de México en esta materia.

Pero allegarse hasta un punto en que ese mecanismo proteccionista, explicable para superar rezagos, llegue a un punto y allí se detenga.

Porque de no ser así, tendrá efectos contraproducente respecto de las propias mujeres en perjuicio de todos. Esto ya ha empezado a ocurrir en más de un partido, pues se han presentado casos de mujeres muy valiosas que para completar la cuota, ahora a favor de los varones, se quedan al margen de ser dirigentes o candidatas.

Resulta no sólo pertinente sino necesario que el INE, o investigadores académicos, analicen lo que ya está sucediendo al interior de los partidos, y lleven un puntual monitoreo de la aplicación de esta modalidad de acción afirmativa en beneficio de las mujeres, y que bien pudiera terminar perjudicándolas. El nivel sobresaliente de las niñas en el ciclo de educación primaria es un signo alentador de que las cosas ya han cambiado. Todo mecanismo protector ha de llegar a un punto de inflexión. De no ser así, a la larga podrá generar más perjuicios que beneficios. En el caso, contra las mujeres.

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