Opinión

La muerte de su marido la enloqueció

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Maximiliano y Carlota

Durante algún tiempo, entre la gente más poderosa y allegada al Segundo Imperio Mexicano, corrió el rumor de que ella, Carlota, se veía a solas con el apuesto general y almirante Aquiles Bazaine. En buena parte, el chisme venía del hecho que ni ella ni su esposo Maximiliano podían concebir una criatura. Y a él le gustaban mucho las jóvenes de piel morena. Desde su llegada a México ella se entusiasmó con obras pías y de altruismo entre “los indios” más pobres; él, Ferdinand Maximilian Joseph Marie von Habsburg-Lorraine, se veía a sí mismo como una figura de integración nacional. Sus primeros pasos estuvieron encaminados a restringir las 16 horas de trabajo y abolir el que realizaban los menores de edad.

Falto de información, meses antes había aceptado la invitación de los conservadores mexicanos para formar un imperio y, de este modo, “salvar al país”. Ahí comenzó el peregrinaje de Benito Juárez por toda la nación; ahí al interior de su carruaje, el presidente de México despachaba y operaba como podía; ahí nacieron sendas leyendas y crecieron los mitos; ahí y como se pudo, se forjó una patria.

La pareja de extranjeros, hoy en día sería calificada como políticamente correcta de no haber mediado que fueron impuestos como monarcas. Sus políticas y acciones, como trazar lo que hoy es Paseo de la Reforma, la edificación de museos y hospitales así como tratar de alimentar a los pobres, no alcanzaron a borrar su condición primaria de invasores ya que llegaron representando los intereses de Francia.
Desatada la defensa de México, una cruenta guerra tuvo lugar hasta que apresado por el general Ramón Corona, Maximiliano entregó su espada al mismo tiempo que el general le imponía el protocolo de arresto al preguntarle: “¿Es usted el emperador Maximiliano?”. El prisionero respondió: “no señor, soy prisionero vuestro”.

Ordenada la pena máxima al extranjero, de Europa llegaron numerosas cartas pidiendo perdón, tolerancia y benevolencia para su suerte. Entre las más notables están las de Giussepe Garibaldi y sobre todo del enorme Victor Hugo. Por su parte, Carlota pide ayuda a Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III y más tarde al propio emperador. Arropada de plegarias, llega hasta Roma a implorar ante el Papa. No consigue nada y comienza así una perturbación mental hasta su muerte, a 58 años de distancia del fusilamiento de Maximiliano de Austria.

De esto trata el trabajo que presentó ayer TV UNAM con la colaboración de la Tv pública de Austria (ORF) y la extensión de auditorio que le dará el Sistema de Radiodifusión del Estado Mexicano.

De este modo vemos cómo el esfuerzo de los universitarios alcanza un documental singular en el que, desde los primeros momentos, traza un mapa de gran calidad argumentativa y de realización.

Maximiliano de México, sueños de poder, recrea diversos momentos de la vida del emperador en sitios históricos de Europa y México. La dirección corre a cargo del cineasta austriaco Franz Leopold Schmelzer para sumarse a la serie de producciones mexicanas y extranjeras que se han hecho en torno a la tragedia del pueblo mexicano que vio la breve estancia de Maximiliano y Carlota.

En 1939 William Dieterie lanzó la película Juárez en donde el Benemérito es protagonizado por Paul Muni y la emperatriz nada menos que por Bette Davis; Brian Aherme es el nombre del actor que lleva el rol de Maximiliano.

En México quien más tocó el tema fue Miguel Contreras Torres con películas como La paloma, Caballería del Imperio y Juárez y Maximiliano.

En la televisión mexicana fue Manuel Alonso quien se dio vuelo con historias en las que el romance y el melodrama enmarcaron las figuras que hoy, TV UNAM enfoca desde un ángulo histórico particularmente interesante.

Gracias al rector José Narro y a Ernesto Velázquez, ahora tenemos la oportunidad de ver a otro hombre cuya muerte enloqueció a la mujer que tanto lo amaba.

Twitter: @RaulCremoux

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