Opinión

La moneda (y el país),
en el aire

    
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volado

En el Estado de México la moneda está en el aire y el país se encuentra en vilo, porque de lo que ocurra el domingo dependerá, en buena medida, la suerte de México en las siguientes décadas.

Matizo con “en buena medida” porque si gana el PRI no significa que ganará la presidencia el próximo año.

Si gana el PRI será un freno a la pujanza del populismo bolivariano, pero nada más (aunque nada menos).

Al PRI no le asegura nada para las elecciones de julio del año próximo.

Pero si gana Morena la cargada de las bases perredistas, de una parte considerable del priismo dinosáurico e inconforme, así como de sectores del empresariado en favor de López Obrador, podría ser irrefrenable.

La política en México es de cargadas, y es lo que vamos a ver si gana Delfina Gómez el domingo en el Estado de México.

Con un triunfo en esa entidad, López Obrador habrá puesto la planta de un pie en Palacio Nacional, con todo lo que eso significa.

Lo que se juega en el Estado de México no es castigar al PRI o no castigarlo, sino el avance del populismo para destruir las instituciones democráticas y la economía del país.

Está muy bien que el PAN gane Nayarit o Coahuila, o ambas. Ahí se juega la alternancia en el poder y el castigo a caciques priistas que veremos, muy pronto, en las filas de Morena porque piensan igual que el dueño de ese partido.

Diferente es el caso del Estado de México. Ahí está de por medio el destino del país que puede entrar en un túnel sin retorno al pasado autoritario y populista que nos gobernaba antes de 1982.

Cuando López Obrador recibe el respaldo del gobierno de Maduro, como lo recibió de Chávez en 2006, y de Fidel Castro en 2012, es porque hay una enorme afinidad entre esos proyectos políticos.

Es México antes del 82, con un estado omnipresente que lo controlaba todo: desde las elecciones hasta la fábrica de tornillos.

Los empresarios eran sometidos por el gobierno. Y al que se salía de control lo hostigaban o lo expropiaban.

Muy pocos recordarán la junta de empresarios críticos a las expropiaciones del presidente Echeverría, que para reunirse tuvieron que ir encapuchados a Chipinque, en Nuevo León.

Todas las instituciones que denuesta López Obrador con insultos y amenazas, son las que han contribuido al mejoramiento del país y a sacarlo del estatismo asfixiante previo a 1982.

El INE (IFE, creado en 1991) ha permitido elecciones donde ganan los que obtienen más votos. Perdió el partido gobernante (PRI) casi todas las gubernaturas en juego el año pasado. Y los vencedores toman posesión y hoy gobiernan.

Antes no era así. Cuando el presidente del PAN, Adolfo Christlieb Ibarrola, acudió a Gobernación a platicar porque les habían robado una elección en Michoacán, el secretario (Luis Echeverría) le contestó: “licenciado, si no les gustan los resultados de las elecciones, váyanse a la sierra”. (Anécdota de Gerardo Medina Valdés).

Ahora se va a los tribunales electorales que AMLO desprecia y obviamente va a desaparecer o cambiar por otros.

Como va a cambiar las instituciones contra las que ha hablado: el Banco de México, la Suprema Corte, la prensa.

Gracias a la prensa que AMLO llama “vendida”, se han podido conocer los excesos de los gobernadores priistas, panistas, perredistas, así como el tráfico de dinero ilegal para López Obrador.

AMLO hizo campaña contra el Tratado de Libre Comercio: lo va a quitar. Lo mismo va a pasar con la liberalización de precios, porque lo ha dicho: vamos al modelo previo a 1982.

En buena medida, todo eso se juega el domingo en el Estado de México.

Twitter: @PabloHiriart

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