Opinión

La moda náhuatl

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó la noticia en su periódico Reforma. En Arcelia, Guerrero, se estrenó la primera ópera contemporánea en náhuatl: Xochicuicatl cuecuechtli, que quiere decir Canto florido de travesuras. Le lectora y el lector adivinaron, se trata de la ópera a la cual se refirió Gamés en esta página del fondo. La nota de Erika P. Bucio informa: “El Tecolote luce atiborrado. El calor es sofocante dentro del teatro. En abril o mayo el calor alcanza los 48 grados. Es Tierra Caliente”. Gilga imaginó una ópera, que ya de por sí es infernal, en un teatro con un calor sofocante. Qué agradable.

¿Cómo se llamó la obra?

Gil recordó el chiste en el cual Groucho Marx le pregunta al encargado de la puerta del teatro: –Disculpe, señor, ¿ya término la opera? Y el hombre le contesta: –Llega justo a tiempo, faltan quince minutos. Groucho vuelve sobre sus pasos, se acerca al coche que lo ha llevado y le dice al chofer: –Le dije que viniera muy lento, por su culpa casi llego a ver la opera.

Así imagina Gamés a los pobladores de Guerrerito, Ixcatepec y de las colonias más pobres de Arcelia: ¿Ya terminó la ópera? No, llegan a tiempo, y pásele a lo barrido, a escuchar los gritos ¡en Náhuatl! Dice la nota de Bucio: “no atinan a decir qué vieron, pero igual aplaudieron. Y se quedaron a comer la carne con chile, frijoles y arroz rojo con mezcal y agua de pepino que El Tecolote sirvió a la gente de las comunidades”.

Gil jura y perjura que intentaría quitarse la vida si lo llevaran a El Tecolote a ver la ópera náhuatl. Que nadie desespere: en la ciudad de México, Xochicuicatl cuecuechtli se estrenará los primeros días de septiembre en el Teatro de las Artes del Cenart. Games ruega a las autoridades civiles y militares un cerco de dos kilómetros a la redonda para que Gil no se acerque ni por equivocación. ¿Estamos?

Saga prehispánica

Con la novedad de que cunde la onda náhuatl. Slaymen Bonilla escribió Ehécatl, una ópera prima sobre mitología prehispánica. Algo más, se trata del primer tomo de su saga Cantar de Quetzalcóatl. Aigoeei. El libro fue publicado por el sello Ediciones y Punto, y narra la historia de un joven indígena que inesperadamente se encuentra atrapado en una guerra entre viejos dioses.

Gamés no sabe mentir, Gil leyó la nota en su periódico La Jornada: “Quise hacer algo como los cantares de gesta del Mío Cid, el Cantar de Roldán, pero con un poco de esa parte de nuestra historia que hemos olvidado. Esa fue mi intención y empecé a investigar, a leer mitología prehispánica. Se les conoce popularmente como cuentos de hadas, me encantaría que en algún momento esto pudiera generar cuentos nahuales”.

Gil perdió la paciencia y encontró a la ira: la ignorancia es un arma de tres filos, o cuatro si así lo quieren. Desde luego cada quien puede hacer con su ignorancia y su esnobismo lo que mejor le parezca, como óperas y sagas indigenoides pero, ¡diantres!, unas rebanadas de pudor a nadie le vendrían mal.

La corrección política produce monstruos, ¿o cómo era? Todos a estudiar náhuatl. Ahora mal: ¿no sería más útil para todos aprender inglés, francés o alemán, en lugar de darle vuelta a la noria mexica, una civilización más muerta que la de los homínidos de Atapuerca? 

Gil se despide mostrando sus conocimientos del náhuatl que como verán la lectora y el lector no son pocos. Aquí vamos, pongan atención: Ken tika (¿cómo es tu nombre?): Gilgametzin. Kampa mochan (¿dónde está tu casa?): en el nochanplísimo tijiestudio. Senka tlasojkamati (muchas gracias). Síganles dando becas.

La máxima de Heidegger espetó dentro del ático de las frases célebres: “Sólo hay mundo donde hay lenguaje”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX