Opinión

La mitología de la inflación

Cada vez que señalo que la hiperinflación que los sospechosos de siempre han estado prediciendo en Estados Unidos durante los últimos seis años no se ha materializado, recibo una oleada de comentarios que declaran que sí lo ha hecho, y que el gobierno simplemente está mintiendo con la información estadística.

La respuesta es que mediciones independientes, como el Índice Billion Price, no están mostrando resultados muy distintos al índice oficial. No obstante, la gente señala el precio de algo que ha aumentado como evidencia de que tenemos mucha inflación.

No es que piense que esa gente pueda cambiar de opinión, pero es importante comprender que los precios relativos siempre están cambiando, y que algunos precios inevitablemente suben más que el promedio. Si nos remontamos al principio de la Gran Recesión, el precio de los alimentos ha aumentado más que el Índice de Precios al Consumidor (aunque no es hiperinflación), pero el precio de los autos ha crecido más lentamente.

¿Y qué hay con respecto a Shadowstats, un sitio de internet que supuestamente provee mediciones verdaderas de variables económicas y que afirma que la inflación es mucho más alta de lo que acepta el gobierno? La suscripción cuesta 175 dólares, lo mismo que hace ocho años.

La epidemia de bichos raros

James Pethokoukis, un comentarista y blogger del Institute American Enterprise, y Ramesh Ponnuru, columnista de Bloomberg, se sienten frustrados. Han estado intentando convertir a los republicanos al monetarismo, pero los intelectuales favoritos de la derecha siguen recurriendo a bichos raros que pregonan teorías de conspiración sobre la inflación.

Hace tres años fue Niall Ferguson (profesor de Harvard) en Newsweek, citando a Shadowstats, una fuente fraudulenta. El Sr. Ferguson fue ampliamente ridiculizado, tanto por conservadores como por liberales, pero ahora viene Amity Shlaes, de The National Review, presentando el mismo argumento y citando la misma fuente.

¿Por qué esta falta de progreso?

La respuesta es que la paranoia por la inflación no es un malentendido que pueda corregirse; está profundamente incrustada en la psique conservadora moderna.