Opinión

La miscelánea fiscal

10 febrero 2014 4:29 Última actualización 11 octubre 2013 5:2

 
Alberto Núñez Esteva
 
Esperaba una Reforma Hacendaria, con mayúsculas, y me encuentro con una miscelánea fiscal intrascendente por su baja capacidad para recaudar; carente de imaginación para gravar lo que hay que gravar en materia impositiva; contraria a la política anunciada de generar desarrollo económico como una prioridad para el país; inadecuada, incompleta y torpe en su intención de gravar a quienes más ganan; ciega ante la necesidad de controlar el excesivo, ineficiente y opaco gasto público en los tres órdenes de gobierno; indiferente –por lo menos hasta este momento- en solucionar el problema del enorme gravamen fiscal que pesa sobre Pemex y que contribuye en gran parte a suavizar la carencia de recursos de la hacienda pública; incompleta, al olvidar los gravámenes que pueden y deben imponer los estados y municipios –impuesto predial, por ejemplo– para allegarse recursos; ineficaz para incorporar a la gigantesca economía  informal a la formalidad; contraria a la seguridad jurídica que obliga a dar certeza en el tiempo a las leyes que se promulguen.
 
 
 
La cosa no queda ahí. Se gravan los refrescos para evitar la obesidad ¿Será ésta la mejor política para atacar el gravísimo problema de la diabetes y la obesidad?
 
 
¿Por qué no gravar también los alimentos conocidos como “chatarra”?; se incrementa el IVA en la frontera norte, golpeando la competitividad de miles de empresas que se enfrentan con las economías de los estados sureños de Estados Unidos, con tasas impositivas más bajas; se retiran facilidades a las maquiladoras que operan con importaciones temporales perjudicando dramáticamente su competitividad; se aplica el IVA a las hipotecas de las casas habitación y a las colegiaturas; se limita la deducibilidad de los gastos médicos, de las colegiaturas, de los donativos, etc. para efectos fiscales, lo que representa un  golpe mortal para la filantropía; se elimina la presentación del dictamen fiscal por parte de contadores públicos independientes, que permitía una vigilancia profesional y gratuita para el fisco de las obligaciones fiscales (¿en qué cabeza cabe esto?)
 
 
 
Las autoridades, con gran sentido social, hablan del financiamiento a una pensión universal, como uno de los propósitos de la mal llamada reforma hacendaria ¿Se han dado cuenta del monto del compromiso que pretenden contraer? Sí, claro, para eso se necesitan endeudar y así lo anuncian, endeudamiento que en el pasado nos ha conducido a crisis de las cuales difícilmente pudimos salir ¿Qué no ven lo que pasa en Grecia, en España, en Italia, en Portugal y en otros tantos países que por gastar más de lo que pueden atraviesan por severísimos problemas económicos que incitan a los levantamientos sociales?
 
 
 
Se me olvidaba: también nuestras queridas mascotas, los perros, son víctimas del fisco. Ahora su comida también está sujeta al IVA,  poniéndolos en desventaja contra los conejos, los pájaros y otros animalitos que son parte de la familia ¡Qué injusticia contra los mejores amigos del hombre!
 
 
 
Propondría a nuestro secretario de Hacienda junto con sus asesores, y ahora también a los señores legisladores, que consulten la propuesta de Santiago Levy, actual dirigente del Banco Interamericano de Desarrollo y ex subsecretario de Hacienda y exdirector del IMSS, para que obtengan invaluables ideas de cómo manejar crecientes recursos fiscales y aplicarlos al gravísimo problema de la pobreza y de la seguridad social universal.
 
 
Partamos de una premisa: aplicar el IVA generalizado y devolver este desembolso a las clases más necesitadas para que no soporten este gravamen y recaiga, entonces, en las clases más favorecidas y en la economía informal. Nuestras autoridades, sin embargo, tuvieron miedo a un enfrentamiento con la izquierda, que nunca ha aceptado este gravamen, sin pensar que los más beneficiados con esta política son los que tienen mayor capacidad de consumo ¡Bonita izquierda mexicana aliada a las clases pudientes!
 
 
 
Sí, estoy decepcionado de nuestras autoridades hacendarias. Pensé que tendrían tamaños para impulsar, en lo que a ellos corresponde, reformas de gran calado capaces de cambiar la ruta de nuestro país. Bien por la reforma laboral, por la educativa, por las que están en proceso: la de telecomunicaciones, la de anticorrupción, la de monopolios, y particularmente la energética, que ojalá no sean, como la mal llamada reforma hacendaria, el parto de los montes.
 
 
 
No puedo omitir algunos aspectos positivos de esta miscelánea fiscal: se suprime el IETU; se simplifica la Ley del Impuesto sobre la Renta; se retiran privilegios y regímenes especiales de los que, en muchos casos, se había abusado; se gravan las ganancias derivadas de ventas de empresas a través de la Bolsa; y se elimina la consolidación fiscal, que se había utilizado como medio de elusión. Hay quienes objetan algunas de estas medidas. Yo las encuentro, en general, justificadas
.
 
 
Del tamaño de las reformas mediremos el tamaño de nuestros dirigentes y representantes. La miscelánea fiscal ya reflejó el tamaño de algunos de ellos. Quizá también sean los responsables de que el indispensable crecimiento de nuestra economía que se suponía sería de 3.5 por ciento para el presente año, ahora se haya reducido hasta 1.7 por ciento y amenace a llevarnos hacia una franca recesión.
 
 
 
Nos llueve sobre mojado…y las lluvias han estado esta temporada fuertes, muy fuertes.