Opinión

La migración, el tema ausente en Toluca

Se dice que el programa de la reunión entre los presidentes de México, Estados Unidos y Canadá refleja la voluntad compartida de capitalizar las oportunidades de asociación regional.

El lema de la cumbre de Toluca es ambicioso: “América del Norte del Siglo XXI. Construyendo la región más competitiva y dinámica del mundo”.

Sí, se trata de un mercado, o de un capital humano, según se le vea, de 450 millones de personas.

Nos subimos al barco de la estadística regional: en América del Norte se genera 30 por ciento del Producto Bruto Mundial. El comercio trilateral es superior al trillón de dólares americanos.

Lo hemos oído antes pero aún cala en el ánimo: se busca una visión compartida sobre el futuro de la región y se pretende el bienestar y la prosperidad de las tres sociedades nacionales.

No encuentro, no veo, no he sabido localizar en la información sobre este encuentro, el tema de la migración.

Parece que no está en la agenda.

Se dirá que no se trata de enturbiarla, sino de hacerla amable, propicia para alentar la voluntad colaboradora de Estados Unidos y Canadá. Que ganamos más siendo corteses que aludiendo a temas incómodos.

La diplomacia es así y los que saben de ella prefieren la sonrisa, el
mensaje encriptado, el protocolo bien cuidado, los acuerdos bordados en terciopelo.

Pero con todo y terciopelo, valdría abordar el tema del ser humano, y no sólo del comercio, las inversiones, los flujos de capital, la tecnología.

Puede argumentarse que hablando de estos asuntos se está trabajando por las personas, pues éstas son, en el fondo, el móvil de todo lo demás.

Supongamos que así es, aunque no siempre lo ha sido, pues mientras aligeramos el intercambio y el tránsito de capitales y mercancías, seguimos poniéndole trabas a los flujos de personas, de fuerza de trabajo, de oportunidades para todos.

Pero supongamos que es así, que hablando de dinero, producción, mercado, innovación, intercambio tecnológico, hablamos de personas.

Pero también podría hablarse de ellas como tales.

¿Qué hay de las medidas extremas de vigilancia en la frontera, que han desviado los flujos migratorios hacia zonas de alto y mortal riesgo desde hace justamente 20 años, durante los cuales ha muerto, en promedio, un mexicano cada día en la franja fronteriza?

¿Por qué no reconocer la aportación del trabajo migrante al desarrollo y la generación de riqueza y ampliar las opciones legales para la inmigración temporal, ordenada y humana de trabajadores?

Los migrantes hoy y desde hace años padecen inimaginables sufrimientos y muchos de ellos mueren en su intento de cruzar la frontera. Esto sucede porque las opciones de migración legal se han cerrado, de manera que para llegar a suelo estadounidense hay que sumirse en las sombras y poner en riesgo la vida.

Si sacáramos a los migrantes de la oscuridad y los pusiéramos en la luz, acabaría una de las mayores tragedias de finales del siglo XX y principios del XXI.

Pero nada hay ahora que nos aliente a creer que esta crisis humanitaria está llegando a su fin. Mientras tanto, hablemos hoy, en Toluca, de temas importantes.