Opinión

La mexicana que perdió este año mil millones de dólares por el petróleo

 
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Alfa

Entre muchas cosas, hacen salchichas. Su marca es Fud, fabricada por una de sus empresas, Sigma.

Saben mucho de negocios. El nombre de los los abuelos de los líderes de este grupo empresarial quedó perpetuado en calles del área metropolitana de Monterrey, en donde los emprendedores son recordados como héroes.

Pero con todo a favor, igual esta empresa perdió mil millones de dólares en cuestión de un bienio. Todo en el riesgoso negocio petrolero que recién se abrió al sector privado México.

La “perdedora” es la gran empresa Grupo Alfa, que ya produce hidrocarburos en Texas con su petrolera Newpek, fabrica partes para coches con Nemak y da servicios de telefonía con Axtel.

Invirtió esa friolera durante la primera parte de la década para intentar hacerse de Pacific Rubiales una petrolera canadiense de la que querían una cosa: sus mayores conocimientos.

¿Para qué? Para explotar yacimientos mexicanos justo cuando fue aprobada la reforma energética.

Bajo supervisión de los poderosos Armando Garza Sada y Álvaro Fernández Garza, presidente y director general de la compañía, respectivamente, sus directivos compraron acciones cuando la canadiense empezaba a descarrilar por una administración deficiente. Eso les permitió aprovechar un precio bajo.

Al inicio de 2014 esos papeles tenían un descuento de más de 30 por ciento, respecto a un año antes.

Alfa invirtió tanto como un “billion”, mil millones de dólares para hacerse de casi 20 por ciento de Pacific Rubiales. Pero quería el control de la empresa y ofreció pagar más.

A toro pasado parece una necedad, pero en esos días todo hacía sentido.

Los costos de producción de crudo en México promediaban 23 dólares ya con transporte incluido, según Emilio Lozoya, otrora director de Pemex.

Al inicio de ese verano de 2014 los precios de la mezcla mexicana de exportación rondaban 90 dólares. Por eso Garza Sada y Fernández Garza querían a Pacific.

Era la herramienta para entrar más fácilmente a los concursos de la Ronda 1 para producir crudo en México con inversión privada.

El consejo de Pacific aceptó hace dos años la oferta adicional de Alfa para quedarse con el control del negocio, pero una minoría de accionistas no, y eso detuvo la operación.

"Cuando fue aparente que no tendríamos todas las acciones necesarias a cambio de nuestra oferta, terminamos con el acuerdo. Esa decisión es completamente independiente de nuestro fuerte interés en el sector energético mexicano", decía en julio de 2014 a analistas Ramón Leal, director de finanzas del corporativo, un graduado de la UDEM con maestría por Harvard.

Al tiempo fue evidente el error de los accionistas de Pacific. El derrumbe de los precios internacionales del crudo a 20 dólares por barril y una pesada deuda de cinco mil 500 millones de dólares borraron el valor de las acciones de su empresa; con ello, también la inversión de mil millones de dólares que hizo Alfa en esos papeles para poseer casi un quinto de la empresa.

Al final, fueron los acreedores de la canadiense Pacific, ahora Pacific Exploration & Production Corp., quienes en términos prácticos asumieron el control de la empresa, diluyendo a los accionistas.

El mes pasado, Leal respondió a la insistencia de las preguntas de analistas como Sam Epee-Bounya, de Wellington Management.

“Ya incluimos en nuestros libros todas las pérdidas que hicimos en Pacific”, le dijo.

Desde entonces, el valor de ese gigante regiomontano permanece relativamente estable. Sus ventas de comida, autopartes y petroquímicos ya compensaron esa inversión fallida. Hasta el momento no ha ganado un solo contrato para producir crudo bajo las nuevas reglas de México.

Twitter: @ruiztorre

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