Opinión

La mentira tiene permiso

   
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Trump Twitter

Twitter siempre me ha parecido una red divertida. Un lugar en el que se encuentra de todo. Una cantina, como alguien la describió, en la que hay carcajadas pero también insultos y golpes. Todo controlable hasta que se presenta la discusión no sólo política sino partidista: la preferencia de candidatos. Es un hecho que la campaña para 2018 ya empezó cuando menos en esta red social. Los bots de todos lados, los insultos sistemáticos, los memes que de pronto dejan de ser simpáticos para volverse grotescos, la agresión se vuelve una norma.

En términos de comunicación política, es una gran herramienta para la difusión. Si los políticos en campaña han dejado de hacer conferencias de prensa es porque un tuit les permite poner un posicionamiento y que lo reciban no sólo todos los medios sino sus seguidores (fanáticos u odiadores). La difusión es inmediata. También es un lugar fantástico para las fake news. Siempre hay gente dispuesta a recibir como verdadera información disparatada sobre la gente que detesta, sobre la opción política que no comparte o sobre el candidato que ha decidido combatir.

Por ejemplo, esta semana la periodista Lydia Cacho difundió una serie de mentiras sobre Ernesto Cordero y quien esto firma. Aseguró que después de una investigación, un rumor sobre la muerte de Carmen Aristegui fue orquestado por gente que trabaja para nosotros. Es una acusación muy grave. Por supuesto los proPeje se dieron rienda suelta con el señalamiento de quien alguna vez tuvo un prestigio periodístico innegable. A las horas ya no sólo habíamos difundido el rumor sino que, según una cuenta, habíamos “planeado la muerte de Aristegui”. Se le pidió a la mitómana Cacho que comprobara su dicho y no lo quiso hacer. He de decir que los medios y periodistas que difundieron la 'investigación' de la mentirosa incluyeron nuestros desmentidos.

Al final, el tema se diluyó al día siguiente. Todo sucedió en Twitter, en el microclima de seguidores de política y especialmente los radicales. Pero el asunto queda en el 'aire' que es donde ahora está, supuestamente, la verdad. Así que si yo pongo en Twitter que la señora Cacho ha decidido sostener un romance con el góber precioso, a quien tanto acusó, pero al que ahora comprende porque la convirtió en una botella de cognac, según una investigación a la que tuve acceso, no pasará gran cosa en lo inmediato ni para ella ni para el góber precioso, pero esa falsa verdad quedará en el aire. Así pues, la mentira tiene permiso porque va de la mano de los que, como la mentirosa Cacho, se la pasan exigiendo la verdad.

En su libro Ceguera moral, Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis (Ed. Paidós), dicen que: “Nuestra forma brutal y degradante de hablar de los otros y de nosotros mismos, es decir, el comentario social y político como un lento proceso de autonegación y destrucción, no tiene, de hecho, nada que ver con ser crítico.

“El canibalismo verbal y mental o la destrucción moral del otro sólo pueden significar una cosa: el rechazo a la discusión libre y abierta y su asesinato aun antes de empezar. El lenguaje sádico suele utilizarse para controlar y atormentar, y para derribar el objeto sometido a discusión, mientras que el lenguaje masoquista representa el tipo de comentario sobre sí mismo que ni el enemigo más acérrimo de un país o un individuo imaginaría infligir”. Es terrible pero en esa zona estamos.

Twitter: @JuanIZavala

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