Opinión

La mentira como gobierno

  
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Donald Trump

No es una novedad en el estilo personal de hacer política o de la muy cuestionable forma en hacer 'comunicación política' –si acaso tuitear falsedades puede ser considerada una estrategia de comunicación– en el caso particular de Donald Trump. A lo largo de la campaña, después de los controversiales debates en que pronunciaba y repetía sistemáticamente múltiples mentiras, nos acostumbramos a un outsider que se valía constantemente de afirmar hechos falsos o sin sustento.

Lo vimos y lo escuchamos afirmar que Hillary había traicionado su trabajo y la seguridad de Estados Unidos al utilizar su correo personal como canal para miles de mensajes clasificados del Departamento de Estado; lo vimos señalar y acusar a su opositora demócrata como defensora encubierta de los “perversos intereses” de Wall Street; lo escuchamos –alarmados- señalar que el NAFTA (TLC) era un desastre y que México sólo enviaba a criminales y violadores.

La lista es larga. Fue tal el grado de excesos y fantasías del señor Trump, que los medios estadounidenses empezaron a publicar desde el segundo debate un fact check –comprobación de hechos– casi en vivo durante el debate, para corroborar las afirmaciones del o la candidata. El balance final nos daba un porcentaje de la veracidad con que manejaban datos, cifras, afirmaciones contundentes que luego se comprobaban insubstanciales. Los promedios de 'mentiras y falsedades' o de 'medias verdades' del candidato Trump superaron 80 por ciento en la mayoría de los casos.

Hoy presenciamos con grave alarma que se trata en efecto de una estrategia, en su momento electoral, ahora convertida en política en la Casa Blanca. El presidente Trump atacó a su predecesor Barack Obama de espionaje a sus oficinas en Trump Tower de Nueva York, durante la campaña de 2016. Solicitó formalmente una investigación a un comité del Congreso –dominado por republicanos– para determinar si su antecesor abusó de sus poderes constitucionales y si en efecto ordenó al FBI 'alambrear' al candidato Trump y espiarlo durante la campaña –en esencia, la base de espionaje electoral que detonó el Watergate (1974, 1975) y que provocó la destitución-renuncia de Richard Nixon como presidente.

Trump ha ido demasiado lejos. No sólo está implícitamente acusando a la administración anterior de haber cometido diversos delitos, sino que ha involucrado al FBI.

El director del FBI, James Comey, solicitó el mismo sábado al Departamento de Justicia que aclarara las palabras –los habituales tuits presidenciales– del presidente y en esencia lo desmintiera. No existe ningún elemento de prueba, evidencia sólida ni dato firme para que Trump haya podido lanzar tan grave acusación. Simplemente –al estilo Donald 'el mentiroso'– lanzó la ofensiva, llamó a Obama “Bad or sick guy” (Hombre malo o enfermo)

Pero no es tan simple. Todo parece una cortina de humo para afectar, debilitar o distraer las reales y muy auténticas investigaciones que el FBI conduce respecto al sospechoso contacto del círculo cercano de Trump con los rusos, la embajada y el gobierno ruso durante la campaña. Ese sí es un tema real, con hechos comprobados que involucran, por ahora, al fiscal general de Estados Unidos Mr. Sessions, al yerno y asesor presidencial Jared Kushner, y a otros funcionarios de alto nivel.

El señor Trump, en su reconocida estrategia de distracción y confusión de la ciudadanía, difunde y promueve versiones alarmantes por la carencia de hechos y verdades confirmadas. El director del FBI –según el NYT– instó al Departamento de Justicia a 'desmentir' los tuits presidenciales que apuntaban, entre otras cosas, a espionaje electoral por el propio Buró de Investigaciones.

No es la primera vez que congresistas o funcionarios se sorprenden por la frecuente tendencia del presidente a declarar sin sustento ni fundamento una serie de ilusiones propias de su imaginación y torcida interpretación de la realidad. Si el FBI encuentra, como indica la investigación, sustento para suponer la comisión de delitos por parte del equipo Trump en su contacto y cercanía con el gobierno ruso, el presidente ha sentado las bases para desacreditar al Buró por un hipotético espionaje cuya existencia nadie, hasta el momento, ha podido sustentar.

Twitter: @LKourchenko

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