Opinión

La mascarada de Anaya

 
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Sánchez Cano

Primero secuestró al PAN, después al Frente Ciudadano por México, y ahora se apresta a enfrentar la madre de todas sus batallas: la Presidencia de la República. Sin embargo, ha causado tantos daños en su camino que será inevitable no pagar las consecuencias, y tiene tantas tareas enfrente relativas al control de daños, que le impedirá concentrarse en sus adversarios políticos como Morena, el PRI y la propia Margarita Zavala.

Con la candidatura presidencial del Frente en la bolsa, ahora Anaya trata de, primero evitar que se expanda el enojo entre sus aliados que saldrán afectados por su nominación, y segundo, con el señuelo de dar posiciones políticas a futuro, tratará de embaucar a Miguel Ángel Mancera y a Rafael Moreno Valle, así como a otros panistas que se subieron a la contienda interna con la finalidad de que les toque algo de la rebanada del pastel.

No obstante que faltan algunas semanas para los “destapes” en el PAN y en PRI, ya pudiéramos incorporar a la pléyade de aspirantes presidenciales a Ricardo Anaya, y con ese roll mantiene al PRD y MC con la promesa de la repartición de posiciones políticas, desde gubernaturas, hasta posiciones en el próximo gabinete.

Con el argumento de que primero el programa, luego la selección de candidatos y posteriormente el diseño del entramado jurídico para establecer un gobierno de coalición, se pretendió contener a los diversos personajes que aspiran comandar al Frente rumbo a Los Pinos; empero, gradualmente se fue revelando la mascarada por la que Margarita Zavala renunció al PAN y otros panistas y perredistas renunciaron a su militancia.

Tanto en la política como en la vida, cosechamos lo que sembramos y si bien es cierto que la fragorosa lucha por el poder no permite claudicaciones ni espíritus débiles, también es una realidad que deben respetarse ciertos códigos de conducta como la lealtad, la nobleza y la palabra empeñada como reglas no escritas de la liturgia política.

En el camino de Anaya predomina la traición y la mentira, la hipocresía y la maldad. Basta echarle una mirada a su trayectoria y cuestionar a sus padrinos y amigos cómo se granjeó su “prestigio”. Además, los graves cuestionamientos a su patrimonio y los de su familia política es otro negativo que, seguramente, en plena campaña política saldrán a la luz.

Y ya que mencionamos el tema de su patrimonio familiar, al interior del Partido Acción Nacional sus cuadros militantes no están muy contentos con el secuestro que Anaya hizo de los tiempos de radio y televisión a que tienen derecho los blanquiazules para promocionar los programas e ideario de ese instituto político.

Ponen como ejemplo un spot que anda circulando en las redes sociales, al parecer aprobado por el INE, y que está a horas de que lo suban al aire, si no es que ya lo está, donde entre otras cosas el asunto referido se atiende como un asunto no sólo del PAN, sino que utiliza imágenes como si el tema fuera del Frente Ciudadano por México, siendo que lo que se defiende es un tema de carácter netamente privado. El enojo de los panistas es que un asunto personal ha desplazado los objetivos y prioridades de la propaganda política de Acción Nacional, al tiempo que ha dado ventaja a Anaya sobre otros aspirantes a la candidatura presidencial.

Lo relevante de todo esto es que la percepción que tiene la población sobre Ricardo Anaya es mayoritariamente negativa, así lo demuestran los recientes estudios de opinión, donde en cualquier escenario, si Anaya es candidato, el Frente que encabeza se ubica entre un tercer y cuarto lugar en las preferencias electorales.

En fin, como en una fiesta de disfraces, la máscara de Ricardo Anaya no corresponde a lo que aparenta y sus acciones menos.
De ahí que aspirantes como Miguel Ángel Mancera y Rafael Moreno Valle estén ante la disyuntiva de aceptar las migajas que les ofrecen Anaya y sus aliados, o de plano mantener la dignidad y enfrentarlo. Es el PAN de Anaya y su mascarada.

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