Opinión

La masacre en Nigeria, un doble estándar para la violencia

En contra de la creencia generalizada, la violencia humana ha disminuido notable y constantemente desde los tiempos remotos hasta la actualidad. Uno de los libros a los que comúnmente se hace referencia sobre este tema es el del académico de Harvard, Steven Pinker, The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined. En un estudio estadístico e histórico riguroso, Pinker muestra el repliegue de la violencia desde las primeras civilizaciones agrícolas hasta los albores del siglo XXI, en ámbitos tan diversos como la familia, las comunidades y las relaciones internacionales. Especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, la violencia contra minorías étnicas, mujeres, niños y homosexuales se presenta con mucha menor frecuencia.

Fuerzas históricas como el surgimiento de los Estados-Nación, el desarrollo del comercio y los mayores niveles educativos, han contribuido a contener lo que él llama “demonios internos”, como la violencia instrumental (la que se emplea indiscriminadamente para alcanzar un fin), la dominación y el sadismo, permitiendo que prevalezcan “ángeles” como la empatía, el autocontrol y la razón. La investigación de Pinker parece relevante porque nuestra exposición a los medios de comunicación y nuestro sentido común nos hace pensar justamente lo contrario. No obstante, el autor no es triunfalista. La violencia no ha desaparecido; está en declive como resultado de esfuerzos deliberados por erradicarla, y nada garantiza que su tendencia a la baja sea irreversible.

El ataque terrorista en París contra el semanario Charlie Hebdo, en el que murieron 12 personas, produjo una indignación general que se tradujo en una movilización masiva en la que participaron más de 40 jefes de Estado o de gobierno y cerca de cuatro millones de manifestantes en toda Francia. No obstante, en las mismas fechas, el grupo islamista Boko Haram realizó un ataque atroz en Baga, al norte de Nigeria, que se estima cobró la vida de hasta dos mil personas. En contraste con los gestos de solidaridad en París, lo ocurrido en Nigeria recibió muy poca cobertura mediática, escasa solidaridad en las redes sociales, la élite política nigeriana eludió el tema, y la comunidad internacional ha guardado un silencio ominoso. ¿Acaso un ataque en París es más grave que en un país africano?

Boko Haram es una organización terrorista islámica que se ha radicalizado en las últimas décadas, en cierta medida como resultado de la incompetencia y la brutalidad con la que el gobierno nigeriano le ha hecho frente. Ganó especial notoriedad tras el secuestro de casi 300 niñas de una escuela para negarles su derecho a estudiar, por el simple hecho de ser mujeres. Las niñas continúan desaparecidas desde hace nueve meses y se presume han sido vendidas como esclavas.

¿Por qué es importante lo que sucede en Nigeria y sorprende que el mundo no esté dándole la atención necesaria? Es el país más poblado del continente africano y tiene una de las economías más dinámicas; cuenta con un gobierno civil desde hace relativamente poco tiempo y presenta tensiones étnicas y religiosas significativas (50 por ciento de la población es musulmana y 40 por ciento cristiana). Además, es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Este año habrá elecciones presidenciales y la estrategia del partido en el gobierno parece centrarse en restar importancia a los ataques de Boko Haram y tejer redes clientelares y de corrupción con el electorado. Lamentablemente, ni Naciones Unidas, ni la Unión Africana, ni las grandes potencias han tomado cartas en el asunto, más allá de pronunciamientos tibios y tardíos, no obstante que el conflicto ha comenzado a extenderse a los países vecinos.

Boko Haram ha proclamado su intención de instaurar un califato, al igual que ISIS, en el centro de África y hasta ahora ya tiene bajo su control una extensión territorial similar a Bélgica. La masacre de Baga y otras violentas acciones del grupo son un fuerte llamado de atención a la opinión pública internacional. A pesar de su declive histórico, la violencia continúa entre nosotros, desde Francia hasta Nigeria, pasando por México. Es particularmente detestable cuando se dirige a mujeres, niños y grupos vulnerables; por ello debemos señalarla, repudiarla y combatirla. Nada más propicio que la indiferencia o el silencio para alentar a los “demonios” que la ejercen, reivindican y extienden. La violencia, dondequiera que ocurra, exige una indignación que no debe admitir dobles raseros.

Twitter: @lourdesaranda