Opinión

La marihuana, el debate que viene

 
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La mariguana en 10 puntos

El amparo otorgado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que cuatro personas puedan consumir de manera libre marihuana ha despertado, de nueva cuenta, el debate sobre la despenalización de esta droga. Es un tema que nos divide y hasta nos polariza, pero que francamente ya no podemos dejar a un lado.

La decisión de la Corte no se ocupó de cuestiones de salud, morales o judiciales; es decir, no opinó sobre si el consumo es bueno o malo, si es permitido para usos medicinales o si es necesaria una despenalización para evitar los daños que provoca su combate; sólo –pero no menos importante- lo inscribió en el derecho humano “al libre desarrollo de la personalidad”.

Debemos reconocer que el Máximo Tribunal del país tomó una decisión valiente e inédita que, aunque sólo beneficia a cuatro personas, ha cimbrado al país. Bien por una Suprema Corte que a los ojos de los ciudadanos de a pie, luce independiente, moderna y al servicio de las personas, cuando lo más fácil hubiera sido negar el amparo y dejar las cosas como están (lo que ha hecho en otros temas, por cierto). Su sentencia ahora nos obliga a dar otro paso para modificar el panorama generado con el consumo de marihuana y a debatir con seriedad lo que sigue respecto de la política en contra de la drogas ilegales.

Creo que el tema ha generado ya un amplio debate a nivel mundial, incluso el próximo año será tratado en la ONU. La diferencia es que ya se tendrán datos precisos sobre ejemplos como Uruguay y algunas entidades de los Estados Unidos que han despenalizado la cadena completa, desde la producción hasta la venta. Sin embargo, lo anterior no significa que exista una solución general para resolver este problema; mucho menos que podamos copiar la receta de inmediato en México.

Bajo esta perspectiva ¿qué nos espera a los mexicanos en este tema?

Definitivamente abrir un debate generalizado nos lleva al riesgo de, una vez más, caer en la inmovilidad. Opinamos todos para que no se modifique nada de fondo. Foros, artículos, ponencias vendrían y nada pasaría. Tampoco podemos esperar que sean nuevos amparos, los que se conviertan en la vía que nos lleve a tomar cartas en el asunto.

La realidad es que esta lucha contra las drogas ilegales no nos ha dejado nada positivo, pero las políticas de prevención tampoco han sido eficientes. Entonces ¿qué debemos hacer? Un camino es acotar el debate a dos temas sustanciales: el autoconsumo y su uso medicinal, con un proveedor oficial que sea el Estado. Hasta ahí para empezar.

Qué tiene a favor el autoconsumo, elimina la necesidad de comprar en el mercado negro, afecta a los grandes cárteles y favorece la seguridad de las personas ¿Qué tiene en contra? No garantiza la desaparición de ese mismo mercado negro (el caso de Holanda) -que lo que se venda ahora sea la semilla y no la hoja- y que se genere un pico de consumo que hoy, reconozcámoslo, no podemos afrontar.

Aceptar su consumo a nivel medicinal es algo más sencillo y en lo que parece que estamos todos de acuerdo, también bajo el control del Estado sólo se entregaría en los hospitales públicos bajo receta.

Adelanto que ninguna postura es cien por ciento libre de inconvenientes y tampoco fácil de aplicar. Este ha sido un lucrativo negocio de generaciones, apoyado por esferas muy poderosas en nuestra sociedad. Y dudo mucho que en este momento, esas fuerzas –las que están a favor y en contra- lo hagan solamente por filantropía o libertades individuales. Acotemos, escojamos la que tenga menos contras y construyamos un primer caso de éxito. Ese puede ser el segundo paso; la Suprema Corte ya dio el primero.

Twitter:@LuisWertman

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