Opinión

La maldita confianza
del consumidor

Como un balde de agua fría debió caer en la autoridad ayer el hecho de que el Inegi reportara que la confianza del consumidor cayó 2.5 por ciento en julio respecto de junio, con descensos sensibles en varios de los componentes que la integran. Es una pésima noticia que llega justo cuando la reforma energética está por marcar el punto culminante del sexenio.

Recuérdese que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, dijo en febrero pasado que la caída (en ese momento de más de 15 por ciento) en dicho indicador era un fenómeno “transitorio”, y que se debía al alza que habíamos experimentado en enero con los precios de la comida de alto contenido calórico (llamada “chatarra”) y las gasolinas.

Pero esta vez la cosa espanta porque la gente parece no estar a tono, ya no, con la promesa constante del gobierno de que las cosas se pondrán bien. En cierta medida, pudiera ser que la importantísima y muy relevante reforma energética que promulgará el presidente Enrique Peña estos días luzca deslucida y carezca del apoyo popular mínimo (a diferencia del General Lázaro Cárdenas, al que invocó Peña al proponer tan fundamental cambio).

Un diplomático del primer círculo de Peña me lo corroboró con sus preguntas hace pocos días, inquiriéndome sobre el ánimo de la gente, y sobre el desasosiego que priva por la falta de crecimiento económico vigoroso. Así es: en el fondo el equipo económico de Los Pinos se ha percatado de que el aparato productivo no está habilitado para levantar cabeza tras la reforma fiscal que entró en vigor en enero. En este sentido de poco sirve que el SAT esté recaudando más de los informales, y que éstos estén ingresando a las filas de la formalidad con el Régimen de Incorporación Fiscal.

Véase por ejemplo el componente del ICC revelado ayer que tiene que ver con la situación futura del país: cayó 4.08 por ciento. La gente piensa que en 2015 estaremos peor. Asimismo, ni el Mundial de Futbol ayudó a que la supuesta compra de televisores durante julio auxiliara a equilibrar este indicador: la respuesta de la gente se desplomó 5.7 por ciento respecto de lo que se percibía hace un año como posibilidad de adquirir enseres de esta naturaleza.

Bien dijo ayer Gerardo Rodríguez Regordosa, de BlackRock, que hay dos momentos para comprender la actual situación económica mexicana: un mediano plazo, con optimismo bien anclado por la agenda de reformas; y un corto plazo, coyuntural, determinado en gran medida por nuestras exportaciones a Estados Unidos.

Así las cosas. La maldita confianza del consumidor podría dar al traste a la ola de optimismo que el presidente lanzaría en su informe el 1 de septiembre con las leyes secundarias ya promulgadas. La pregunta es cómo la reanimará.

​Twitter: @SOYCarlosMota