Opinión

La mala noticia: el presidente EPN
está en campaña

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Enrique Peña Nieto

El problema del Tercer Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto es que tuvo algunas cosas interesantes en medio de otras francamente preocupantes. Y las segundas harán que las primeras pierdan lustre y espacio de discusión mediática.

El Informe estuvo dividido en cuatro segmentos. De saque, intentó quitarse de encima el peso de los eventos más lamentables de un año lamentable: reconoció el enojo ciudadano por casos como Ayotzinapa, la 'casa blanca' y la fuga de El Chapo.

Con lo anterior, levantó la expectativa. Si el mandatario puso de inmediato esos asuntos en la mesa, seguro algo más se atrevería a hacer en este Informe, que aunque formalmente es sobre un ciclo anual en realidad constituyó un balance de la primera mitad del sexenio. Por desgracia lo que siguió fue una farragosísima sesión de casi hora y media de cifras sin ton ni son.

Y lo peor de esa enumeración no es, ni siquiera, el alud de estadísticas o la cascada de nombres de programas y/o acciones de gobierno. Lo peor es el mensaje implícito: decidió comunicar realidades parciales, números aderezados que dicen cosas muy distintas a lo que la gente ve en el día a día. Quizás el caso más evidente de cuantos se escucharon se dio en el tema energético: Peña Nieto habló de un Pemex fuerte que no se ve por ningún lado, y destacó como exitosa la primera ronda de licitaciones de campos petroleros, en vez de reconocer el estrepitoso fracaso que fue ese proceso.

Hora y media donde la autocrítica estuvo ausente. Hora y media de pintar una verdad parcial. Habló por ejemplo de los estados donde ha bajado, supuestamente, el homicidio, pero no dijo una palabra de Guerrero o Tijuana o Jalisco, donde la violencia ha empeorado notablemente. Hora y media donde tampoco habló del mal mayor: la corrupción. Hora y media.

La tercera parte fue el decálogo reloaded, que en efecto incluyó cosas ya vistas –zonas especiales de desarrollo para estados en retraso, justicia cotidiana– y propuestas novedosas: elevar a rango de secretaría de Estado al Conaculta, programa de enseñanza del inglés, proyectos Fibras, bonos para infraestructura educativa por hasta 50 mil millones de pesos.

Finalmente, lo más importante vino al cierre: lanzó una arenga, un anuncio de arranque de hostilidades. Ahí estuvo la nota, como dicen los periodistas.

El presidente se comprometió a dedicar el resto de su sexenio a atajar la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador, a quien no mencionó pero ni falta que hizo, llegue a la presidencia en 2018.

Al presentarse como el único que encarna un proyecto responsable, Peña Nieto advirtió de que la turbulencia económica internacional supone el riesgo de que “en su afán de encontrar salidas rápidas, las sociedades opten por salidas falsas. Me refiero al riesgo de creer que la intolerancia, la demagogia o el populismo, son verdaderas soluciones. (…)

“La demagogia y el populismo erosionan la confianza de la población; alientan su insatisfacción; y fomentan el odio en contra de instituciones o comunidades enteras. (…) Es un principio elemental de responsabilidad democrática, perseverar en el proyecto de nación por el que votaron los mexicanos. (…) Si hace 3 años era importante que el país NO diera un salto al vacío, hoy es esencial que México NO claudique en su proceso transformador”. (Esas mayúsculas corresponden a la versión publicada por Los Pinos en internet).

El presidente Peña Nieto está en campaña. No nos fue nada bien con eso en 2004/2005 en tiempos de Vicente Fox. Lección no aprendida. Mala noticia.

Twitter: @SalCamarena

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