Opinión

La madeja de Meyer

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Lorenzo Meyer.

A Gil le urgía bajar la cortina de la semana y dedicarse a la molicie cuando cayó en una oquedad. Gamés se refiere al artículo de Lorenzo Meyer publicado como todas las semanas en su periódico Reforma.

Gilga sabe desde hace años que los textos de Meyer son madejas de estambre con las cuales el historiador termina, como los gatos, hecho unas bolas espantosas. Mientras se enreda, Lorenzo Meyer denuncia conspiraciones internacionales, arreglos en la oscuridad de la cúpula política, vuelos nocturnos con espías y toda la cosa.

El texto de marras (sí, de marras y amarras) lleva por título “El Ejército y las relaciones peligrosas”. Y Gil sucumbió a la curiosidad y despeñó su ser en la oquedad. Ustedes no están para saberlo, ni Gamés para contarlo, pero Lorenzo Meyer ha descubierto extrañas relaciones políticas: “en este febrero se puso de manifiesto una relación triangular pública que sin llegar a ser excepcional tampoco es lo normal. El triángulo de referencia se formó entre el alto mando del Ejército, una cúpula empresarial y la Presidencia de la República”. Anjá, ya los vimos, chingüengüenchones, haciendo su triangulote que “sin llegar a ser excepcional, no es lo normal”, porque como se sabe, no es normal que el Ejército, el presidente y los empresarios mantengan relaciones de ninguna clase.

Un poco normal

Con lógica aristotélica y orden cartesiano, Meyer analiza cada uno de los vértices, ¿o vórtices? El primero es el militar y ocurrió cuando el 9 de febrero, como cada año, el general secretario reafirmó la lealtad del Ejército 'al poder civil'. “Lo anterior es normal, pero llamó la atención que en un discurso de 15 minutos ante el presidente de la República el general secretario usara 29 veces el concepto de ‘lealtad’ y además se lamentara que hubiera quienes buscaran distanciar a los soldados del pueblo”.

De momento, Gilga no va a detenerse en los tiempos verbales que utiliza don Lorenzo, pero colaboran al enredo de la madeja. Bueno, Lorenzo, si todo es normal, para qué le buscamos chalecos a las mangas o como se llamen. A Meyer no le parece grave, por cierto, que los maestros de la CETEG hayan atacado dos cuarteles con bombas caseras o hasta con un camión como ariete. A los maestros, por cierto, le gusta estrellar camiones contra puertas y muros reaccionarios que, de que los hay, lo hay. En fon.

Más vértices

Desenredando la madeja, Meyer explica que de inmediato “vino la respuesta presidencial: ‘nuestras fuerzas armadas jamás han dudado en proteger a los mexicanos y las instituciones democráticas del país’. Hasta aquí todo parecía indicar que las aguas, aunque revueltas, volvían a su nivel, pero entonces entró un tercer e inesperado actor en escena: la cúpula empresarial o parte de ella”.

Sopla y resopla, Meyer descubrió la conspiración que Gamés les traerá a este espacio sin costo alguno. ¿Listos? El complot se le chispó al presidente de la Concanaco: “no vamos a abrir todos los cuarteles del país porque ellos quieren ver si están ahí los muchachos. Debemos ser conscientes de que si abrimos el último bastión que tenemos de defensa en este país pueden pasar cosas peores”.

Sí, lectora y lector, lo extraño, lo sospechoso ha sido la utilización de la primera persona del plural. La sesera de Meyer echa humo como una chimenea. Su conclusión dejó perplejo a Gilga: “a nadie conviene que los empresarios quieran en esta coyuntura crítica ser parte directa del proceso de decisión sobre temas militares, así sea sólo el de abrir las instalaciones militares a quienes tienen razones históricas –la guerra sucia de los 1970– para pedirlo”.

Mon Dieu! ¡Canastos! Lo que hay que hacer para llenar el espacio semanal de una columna, volar y volar, inventar, fabricar y, al final, enredarse en la madeja. Así ha quedado demostrado que los empresarios pretenden intervenir en las decisiones militares. Tan tan.

Sí, los viernes Gamés toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros se acercan con bandejas que soportan botellas (en plural) de Glenfiddich, Gamés pondrá a circular en el mantel tan blanco una máxima oída en una cantina: “En política siempre se corre el riesgo de pertenecer a las mayorías”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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