Opinión

La luz al final del túnel

  
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Toros

Setenta años ha cumplido la Plaza México, precisamente en el que puede ser considerado el peor momento de su historia, tanto por los ataques antitaurinos en la capital, como por la forma en que se gestionó los últimos años.

El obscuro panorama, los tendidos desolados en carteles con atractivo, fueron hundiéndonos en una especie de depresión taurina. En cambio veíamos cómo plazas en la República mantenían su categoría, incluso la aumentaban, poniendo ejemplo de gestión y oferta de espectáculos. La fiesta brava es un rito que estimula las emociones, y por eso es considerada un arte, el arte más vivo y más de verdad que hay en la Tierra, porque el factor muerte está presente cada tarde, y eso le da un valor único tanto de emoción como de verdad.

Los antitaurinos siguen sin entender que lo que nos gusta a los aficionados a los toros es la emotividad que se crea al presenciar cómo un torero y un toro se encaran en la erótica fusión del poder con la inteligencia, lo que genera vibración estética que entra por los ojos, agudiza los sentidos y alimenta nuestras almas; ellos se quedan en lo banal, “¡hay sangre!”, dicen. Respetamos que no lo sientan, pero reprobamos que no lo respeten.

En la actualidad, con el enfrentamiento civilizado por nuestra parte, y violento y lleno de argumentos falsos por la suya; para los taurinos se encendió la luz al final del túnel.

TauroPlaza México llega a gestionar la Monumental en el momento justo para revitalizar y devolverle la categoría taurina a la capital del país. Ha sido una inyección de entusiasmo y fe para aficionados veteranos y jóvenes, quienes sustentan el futuro de esta cultura y tradición mexicana. Hacer las cosas mejor no estaba difícil, se hacían muy mal, pero eso no basta para que los aficionados nos volquemos otra vez a llenar los tendidos de la gran plaza a vivir con emoción nuestra pasión, a compartirla con nuestros hijos (y en algunos casos con los nietos) para heredarles esta fina tradición del gusto por la fiesta de los toros y toda la cultura que rodea este arte; se requiere innovación, originalidad, buen gusto y, sobre todo, especial atención a lo que los aficionados esperan de su espectáculo favorito, las comodidades que demanda el recinto y las urgentes mejoras en baños y butacas.

El mayor valor de esta nueva empresa no está en el capital económico, sino en el capital humano, pues tanto las cabezas de esta sociedad —la familia Baillères y la familia Sordo—, como todos y cada uno de los miembros de su equipo, entienden la fiesta de los toros desde el respeto a su esencia, al toro, al trato con los profesionales y sobre todo al público.

Mario Zulaica, matador de toros en retiro, con 34 años de edad, metido en el medio taurino desde 1997, conoce el campo, conoce cómo hay que tratar a los toreros, a los profesionales, y el tipo de espectáculo que hoy se requiere para que los aficionados asistan a las plazas; en los últimos años se forjó en la empresa TauroArte haciendo muy bien las cosas y logrando éxitos tanto económicos como taurinos.

El panorama es inmejorable, la afición quiere toros, exige respeto y está dispuesta a apoyar esta nueva empresa. “El beneficio de la duda”, dicen muchos; yo en lo personal les doy mi total agradecimiento por esta nueva aventura.

El tema de la presencia del toro no debe preocuparnos, tanto Mario Zulaica como Mariano del Olmo conocen bien el tipo de toro mexicano, tienen muy claro que el toro es toro cuando cumple 4 años y no cuando llega a los 500 kilos. Los empresarios son ganaderos de alto prestigio en el campo bravo mexicano y en el panorama taurino mundial.

No queda más que ir a la plaza. Este próximo domingo arrancan ya las novilladas, con un interesante formato; se estimula la competencia, lo que generará espectáculo; hay promociones especiales para niños y los precios son sumamente accesibles. No queda más que defender nuestra fiesta de la mejor manera, llenando las plazas de toros.

Twitter: @rafaelcue

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