Opinión

La lotería de Purificación

La diputada federal Purificación Carpinteyro (PRD) fue exhibida lastimosamente en una llamada privada en la que hacía una consulta sobre un posible negocio de telecomunicaciones. Literalmente dijo “nos sacamos la lotería”, haciendo alusión a que el perfil de la reforma en la materia abre campo para un negocio que la diputada tiene en mente.

La llamada la hace la diputada alrededor del 25 de mayo a un especialista en el tema: José Gutiérrez Becerril con quien compartió labores y tareas años atrás cuando ambos prestaban servicios para la misma empresa. Gutiérrez Becerril es un experto en el sector, hoy desligado de esa empresa, ejerciendo como profesional independiente y empresario en diversos sectores. Según sus propias palabras, la llamada sí tuvo lugar, es auténtica la que se ha difundido, y lo que la diputada buscaba era una consulta en su calidad de especialista. No son socios, empresarios del ramo, o nada por el estilo. La única relación existente es que Purificación Carpinteyro es prima de la esposa de Gutiérrez Becerril.

Hasta ahí todo parecería estar dentro de los márgenes de la normalidad; muchos legisladores consultan expertos y especialistas para tener visiones más amplias y precisas sobre múltiples materias.

El problema radica en que la diputada señaló con claridad la posibilidad de hacer negocio, construir un servicio, empresa o consorcio que ofreciera alternativas en el ámbito de las telecomunicaciones, acordes con la reforma que se discute y vota -en estos días- en el Congreso. Justamente en la comisión de la que forma parte la propia diputada Carpinteyro. Es decir, orientando, ajustando o dirigiendo el contenido de la reforma, para que quede a modo con los intereses del negocio expresado por Purificación. Un evidente, claro, conflicto de intereses.

Es sabido por años en este país que los legisladores, o mejor dicho, muchos legisladores de muchos partidos aprovechan su posición, injerencia y poder, para beneficiar a sus estados, entidades, socios, empresas o simplemente a ellos mismos. Nunca con tanta transparencia y descaro, un legislador había declarado que “todos hacen negocio”, como la diputada Carpinteyro ha señalado, en entrevista radiofónica.
Ella parece legislar para abrir posibilidades para la empresa que tiene en mente, cuando se abriga en el discurso democrático de acabar con los monopolios e igualar las condiciones de competencia.

Se hace evidente lo que millones de mexicanos piensan: que los servidores públicos, o muchos de ellos, llegan a sus cargos para obtener beneficios personales de éstos, construir empresas, emporios y derramar fortuna sobre sus familias.

En un intento de control de daños, el PRD ha dicho que solicitará a la diputada se “excuse” de la Comisión de Telecomunicaciones, para que la reforma no se vea manchada por esta distinguida adalid de la empresa privada y el ejercicio legislativo abierto, plural, democrático.

Queda pendiente el hecho de quién está detrás de difundir la grabación, ¿quién le tendió la cama a la diputada para que ella cometiera tamaña pifia y se exhibiera como otra más de las docenas de legisladores que comercian y negocian con sus cargos, información y poder?

Son dos cosas separadas, pero la grabación de conversaciones privadas es un delito y debiera investigarse, aunque ya sabemos que nunca se llega a nada.

Otra muy distinta y digna de todo descrédito, es la según ella legítima conducta de “beneficiarse” con un negocio a costa de la pieza legislativa que prepara.

Que sea retirada de la comisión, que no participe en las secundarias y que pague el error de mezclar los negocios con el servicio público.