Opinión

La locura tiene mucho
de inexplicable


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Andreas Lubitz

Hay asuntos que por el dolor que producen deberían abordarse con sentido común y prudencia, y deberían estar protegidos de algunos opinadores que, frívolos y oportunistas, especulan con el pretexto de la ficción con casi nada en las manos.

Es humano necesitar explicaciones para vivir en el mundo con un poco menos de angustia, sobre todo en temas que amenazan la vida. Lo único que el trágico suceso de Germanwings ha dejado en claro es que los humanos podemos ser destructivos e insensibles a la vida de los otros y que los mecanismos para diagnosticar y contener la enfermedad mental están llenos de fallas, que en este caso fueron letales.

Apenas hemos comenzado a enterarnos de la historia psiquiátrica y sentimental del copiloto de 27 años, Andreas Lubitz, quien decidió voluntariamente estrellar un avión y asesinar a 150 personas. Que tuvo una novia el año pasado a quien un día le dijo, sin que ella entendiera el sentido de sus palabras, que “haría algo que cambiaría el sistema para que todos lo recordaran”. Que se encontraron en su casa pedazos de los dictámenes médicos que recomendaban que dejara de volar a causa de una depresión.

Un suceso así requiere de contención para no hipotetizar prematuramente y para hacer actualizaciones conforme vayan apareciendo datos significativos. Porque tiene un impacto público importante: cualquier cosa que digamos sobre Lubitz alimenta el estigma sobre las enfermedades mentales, que no son en un porcentaje significativo, el origen de las conductas violentas y criminales.

Los asesinatos masivos son cometidos por hombres jóvenes, solitarios y frecuentemente psicóticos.

El asesinato combinado con suicidio es muy poco común y la causa es la depresión, acompañada por ideas de venganza, habitualmente hacia los más cercanos.

Pero no existe ninguna nota o indicio sobre lo que Lubitz haría ni sobre la naturaleza de sus motivaciones. No es posible meterse, más que con especulaciones, en la cabeza de un hombre que hoy está muerto.

El suicidio no solamente está vinculado a depresión. También a esquizofrenia y a otros desórdenes esquizoafectivos. También asociado a trastornos de ansiedad, abuso de alcohol y drogas, trastorno bipolar y a otros trastornos psicóticos.

Los profesionales de la salud, y quizá todos, deberíamos contener las ganas de entender con demasiada rapidez un asunto trágico y nebuloso, cuyo proceso de investigación tomará semanas en completarse. El secreto profesional sobre la vida privada es particular y obsesivamente protegido en Alemania por razones históricas. Información crucial sobre el estado mental de Lubitz no pudo ser comunicada a la línea aérea y hoy es una de las aparentes razones de la tragedia.

Todos nos estamos preguntando cómo alguien pudo hacer algo así. Resulta difícil aceptar que, de momento, no hay mucho que decir.
Dejarse seducir por la necesidad protagónica de opinar no es inteligente ni responsable. Ni en lo periodístico ni en lo literario; no es útil escribir ficción para aprovechar el hambre de explicaciones: hacerlo se parece mucho al oportunismo y a la búsqueda torpe del reflector.

Es incuestionable la libertad para escribir lo que a cada quien le dé la gana. Yo prefiero, en casos como el de Germanwings, leer artículos que sean claros productos de la responsabilidad, la inteligencia, la prudencia y la capacidad para esperar el resultado final de una investigación en proceso.

* Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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