Opinión

La llamada causa núm. 1, Castro y El Ché Guevara

09 diciembre 2016 5:0
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Che Guevara (FOTO: Archivo de Rodrigo Moya)

Conforme pasan los días van en disminución, como es natural, los comentarios y notas en los medios sobre el fallecimiento, el pasado 25 de noviembre, de Fidel Castro Ruz. Como se preveía desde antes de su deceso, sobre el líder de la revolución cubana se ha hablado y escrito mucho en los últimos días desde los más diversos ángulos y en todos los tonos. Algo esperado porque tuvo enemigos acérrimos y partidarios fervorosos.

Sin que implique contradicción, haré referencia aquí a un aspecto menor de su biografía, pero a la vez significativo. Está tomado del libro de historia novelada publicado en 1999 por el escritor cubano Norberto Fuentes, ya entonces en el exilio. Lleva el título de Dulces guerreros cubanos.

Este Norberto Fuentes, nacido en La Habana en 1943, ya había publicado antes, en 1968, su libro Condenados de Condado, sobre la lucha contra las guerrillas anticastristas del Escambray. A pesar de que el libro le hizo ganar el Premio Casa de las Américas, como a Fidel Castro le disgustó profundamente tuvo el autor que permanecer quince años en el ostracismo.

Hasta que apareció en 1984 su obra Conforme pasan los días van en disminución, como es natural, los comentarios y notas en los medios sobre el fallecimiento, el pasado 25 de noviembre, de Fidel Castro Ruz. Como se preveía desde antes de su deceso, sobre el líder de la revolución cubana se ha hablado y escrito mucho en los últimos días desde los más diversos ángulos y en todos los tonos. Algo esperado porque tuvo enemigos acérrimos y partidarios fervorosos.

Sin que implique contradicción, haré referencia aquí a un aspecto menor de su biografía, pero a la vez significativo. Está tomado del libro de historia novelada publicado en 1999 por el escritor cubano Norberto Fuentes, ya entonces en el exilio. Lleva el título de Dulces guerreros cubanos.

Este Norberto Fuentes, nacido en La Habana en 1943, ya había publicado antes, en 1968, su libro Condenados de Condado, sobre la lucha contra las guerrillas anticastristas del Escambray. A pesar de que el libro le hizo ganar el Premio Casa de las Américas, como a Fidel Castro le disgustó profundamente tuvo el autor que permanecer quince años en el ostracismo.

Hasta que apareció en 1984 su obra Hemingway en Cuba, con prólogo de Gabriel García Márquez, obra que corrió exactamente suerte contraria a la anterior y le llevó a convertirse en el escritor favorito del régimen castrista. A grado tal que se incorporó al círculo íntimo del propio Fidel Castro, a quien hasta tuteaba, privilegio que muy pocos se concedía.

Hasta que se presentó la llamada “causa núm. 1”, un caso de tráfico de drogas y corrupción en 1989, por el que fueron fusilados el general Arnoldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia, ambos del primer círculo del poder castrista, y que hizo también sospechoso a Fuentes, quien naturalmente fue objeto de estrecha vigilancia y persecución hasta que finalmente logró exiliarse en 1994 por la presión mundial ejercida por grupos de intelectuales y gracias a las gestiones ante Fidel Castro hechas por García Márquez, Felipe González y Carlos Salinas de Gortari.

Ya fuera de Cuba, publicó el libro Dulces guerreros cubanos (459 págs.) para referirse extensamente a la mencionada “causa núm. 1”, pero en el que hace diversas revelaciones sobre el funcionamiento del régimen castrista.

En la pág. 85 se leen dos extensos párrafos que no tienen desperdicio y de los que se transcriben sendos fragmentos. “Dos de nosotros –escribe Fuentes- clasificamos ente la flor y la nata de los servicios especiales a escala mundial, los hombres que hicimos posible que los propios Estados Unidos y el MOSSAD israelí consideraran a la Inteligencia cubana como una organización de respeto y verdaderamente profesional…”

Y en el otro, dice: “Un expediente acumulativo del conjunto de nuestras misiones cumplidas habla de asesinatos, guerrillas en Venezuela, Nicaragua, Colombia, Santo Domingo, Bolivia y El Salvador…planes de voladura del canal de Panamá…voladura del Puente de Oro en El Salvador, sabotajes a puertos y refinerías…” y sigue una extensa relación de atrocidades.

Pues bien, Norberto Fuentes da cuenta de que entre los planes de los hermanos Castro estuvo siempre deshacerse del Ché Guevara. Con ese propósito lo mandaron al África, pero regresó vivo. De donde ya no salió con vida fue de Bolivia, donde fue muerto en octubre de 1967. Afirma Fuentes que en alguna ocasión le oyó el numerito que Fidel Castro acostumbraba, como una especia de justificación de la que finalmente fue la suerte del Ché, de quien dijo que era “un argentino poco amigo del aseo personal y al que no le gustaba la pelota”, es decir, el beisbol (pág. 239). Increíble, pero eso dice Norberto Fuentes. Pobre Ché, por no ser aficionado a la pelota caliente, lo mandaron al matadero.

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Hemingway en Cuba, con prólogo de Gabriel García Márquez, obra que corrió exactamente suerte contraria a la anterior y le llevó a convertirse en el escritor favorito del régimen castrista. A grado tal que se incorporó al círculo íntimo del propio Fidel Castro, a quien hasta tuteaba, privilegio que muy pocos se concedía.

Hasta que se presentó la llamada “causa núm. 1”, un caso de tráfico de drogas y corrupción en 1989, por el que fueron fusilados el general Arnoldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia, ambos del primer círculo del poder castrista, y que hizo también sospechoso a Fuentes, quien naturalmente fue objeto de estrecha vigilancia y persecución hasta que finalmente logró exiliarse en 1994 por la presión mundial ejercida por grupos de intelectuales y gracias a las gestiones ante Fidel Castro hechas por García Márquez, Felipe González y Carlos Salinas de Gortari.

Ya fuera de Cuba, publicó el libro Dulces guerreros cubanos (459 págs.) para referirse extensamente a la mencionada “causa núm. 1”, pero en el que hace diversas revelaciones sobre el funcionamiento del régimen castrista.

En la pág. 85 se leen dos extensos párrafos que no tienen desperdicio y de los que se transcriben sendos fragmentos. “Dos de nosotros –escribe Fuentes- clasificamos ente la flor y la nata de los servicios especiales a escala mundial, los hombres que hicimos posible que los propios Estados Unidos y el MOSSAD israelí consideraran a la Inteligencia cubana como una organización de respeto y verdaderamente profesional…”

Y en el otro, dice: “Un expediente acumulativo del conjunto de nuestras misiones cumplidas habla de asesinatos, guerrillas en Venezuela, Nicaragua, Colombia, Santo Domingo, Bolivia y El Salvador…planes de voladura del canal de Panamá…voladura del Puente de Oro en El Salvador, sabotajes a puertos y refinerías…” y sigue una extensa relación de atrocidades.

Pues bien, Norberto Fuentes da cuenta de que entre los planes de los hermanos Castro estuvo siempre deshacerse del Ché Guevara. Con ese propósito lo mandaron al África, pero regresó vivo. De donde ya no salió con vida fue de Bolivia, donde fue muerto en octubre de 1967. Afirma Fuentes que en alguna ocasión le oyó el numerito que Fidel Castro acostumbraba, como una especia de justificación de la que finalmente fue la suerte del Ché, de quien dijo que era “un argentino poco amigo del aseo personal y al que no le gustaba la pelota”, es decir, el beisbol (pág. 239). Increíble, pero eso dice Norberto Fuentes. Pobre Ché, por no ser aficionado a la pelota caliente, lo mandaron al matadero.

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