Opinión

La línea robada, digo, ¡dorada!

¿Podrá Marcelo Ebrard levantarse del gigantesco fiasco que resultó su obra máxima como Jefe de Gobierno del Distrito Federal? Lo dudo. No niego la inteligencia y habilidad política de Ebrard, aunque no son tan grandes como su arrogancia, pero no veo cómo podrá salir bien librado del asunto.

Cuando dio la cara, Ebrard dijo que tenía copia de algo así como 240 mil documentos que probaban su honestidad y eficacia al frente del gobierno y, en particular, en lo que se refiere a la Línea 12 del Metro.

Alguien debería decirle que ni con 24 millones de papeles podrá justificar que una obra que costó 24 mil millones de pesos tenga que suspender operaciones por fallas graves, gravísimas, al año y medio de inaugurada.

Aunque tarde, ya cayó la primera cabeza: la del director del general del Proyecto Metro, Enrique Horcasitas. Sin embargo, no es suficiente. Aún faltan muchas cosas por aclarar, muchas preguntas por responder y muchas cuentas por rendir.

Hasta hoy, todos se echan la ‘papa caliente’ y nadie se ha responsabilizado aún. De lo que no cabe duda es de que esto tiene nerviosos a muchos. En la sede del gobierno de la ciudad, las reuniones son constantes y los rostros desencajados, permanentes. Una de las razones en que las cuentas simplemente no le cuadran a Miguel Ángel Mancera. Ésa es una de las razones principales por las que rompió con Marcelo Ebrard desde el mismo inicio de su gestión. Nunca pensó que encontraría tantas ‘sorpresitas’ debajo de los muebles y los cajones vacíos.

¿Estará dispuesto Miguel Ángel Mancera a llegar hasta el fondo del asunto a pesar del costo que significa para Ebrard? La decisión de suspender el servicio en 11 de las 20 estaciones de la Línea 12 no fue fácil ni popular, pero sí indispensable y urgente. Y aún falta una decisión todavía más radical, dura, difícil e impopular: sacar definitivamente de servicio las 11 estaciones hoy cerradas y redefinir un nuevo trazo para la parte elevada de la Línea 12. Es una posibilidad que no debemos descartar, funcionarios del Gobierno del Distrito Federal la están considerando.

Es cierto que a Miguel Ángel Mancera hoy no le pega de lleno el asunto, porque es el único involucrado que no tuvo nada que ver en la planeación, licitación, construcción y entrega de la Línea 12. Pero sí podría pagar un alto costo político si no llega hasta el fondo del problema; si no sanciona de manera ejemplar a los responsables y si no informa a la sociedad con claridad y sin matices.

¿Llegaremos a saber realmente qué pasó?, ¿quién o quienes fallaron?, ¿hubo corrupción?, ¿se sancionará a los responsables? Solo el tiempo lo dirá.

Además, es claro que el principal rival de Marcelo Ebrard por la candidatura del PRD a la Presidencia es Mancera. Qué paradoja, el destino político de Ebrard está hoy en manos de Miguel Ángel Mancera.