Opinión

La Ley de alivio de la deuda de Puerto Rico y el debate político sobre el futuro de la isla

 
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Puerto Rico. (panampost.com)

Puerto Rico es una maravillosa isla con una historia política, económica, social y cultural clave para entender la dinámica caribeña y de Latinoamérica. Para la mayoría de los mexicanos significa playas, mar, sol, música, cruceros y turismo; dónde se habla español por todos lados -junto con el inglés- como en Miami, a pesar de ser un “territorio libremente asociado” de los EUA desde 1905, tras de casi tres siglos de dominio hispánico como parte de las Antillas españolas.

Hoy continua viviendo anhelos nostálgicos de supervivencia de una cultura y una nación propia en el marco de una polémica globalización y en medio de una crisis económica que ha llevado a las autoridades federales de los EUA a expedir inevitablemente y a regañadientes de ambas partes una Ley de Alivio de la Deuda para superar la quiebra de las finanzas de la Isla.

Me tocó estar allá unos días de vacaciones la semana pasada, gozar con mi familia de su maravilloso clima y las atracciones culturales del Viejo San Juan y tener la oportunidad de sensibilizar los sentimientos locales tras 10 años de ausencia.

Lo primero que me sorprendió fue leer en un periódico local-The San Juan Daily Star(7-7-16)- un artículo que reportaba la protesta de la población por el colonialismo político y financiero y la sugerencia de un “Prexit” de los EUA, ya que la Junta federal de control recién aprobada el 29 de junio por Wasington pretende dirigir las finanzas y el gobierno económico de manera inaceptable. El Gobernador de Puerto Rico, Alejandro Garcia Padilla, hablaba de moratoria de la deuda como solución alternativa, al mismo tiempo que el presidente Obama firmaba la Ley que otorga un paquete de salvamento bajo condiciones muy duras, incluyendo la restricción de las facultades del Gobernador para seguir ese camino.

Pero detrás de la retórica desafiante -evidente en los programas de TV, en las conversaciones entre los jugadores de domino en el parque, en las marchas sindicales y en las protestas ante la Corte Federal- no dejé de percibir una actitud de resignación entre la gente más conocedora de la problemática económica y social de la isla, ante el mal gobierno y los excesos presupuestales y de la deuda, que condujeron a la crisis. Un amigo mexicano de origen puertorriqueño, me lo confirmaba: “la responsabilidad es de los puertorriqueños, que eligieron a gobernantes que no han sabido manejar la economía.

Un académico en San Juan me aclaraba la dualidad de sentimientos: “la mayor parte de la gente está contra la junta, porque siente que la isla pierde soberanía; recuerda a los 80s y los 90s en América Latina y en África, cuando el FMI y el Banco Mundial imponían recetas drásticas; pero también es un hecho que se acumularon irresponsablemente- y con corrupción de por medio- 72 billones (miles de millones USA) de deuda.

Ahora hay que pagar los platos rotos y enmendar el rumbo. “Tenemos suerte en el paquete de apoyo. Pero que la vamos a pasar difícil con los recortes presupuestales-¡ ni hablar!- ; solo habría que esperar que haya racionalidad de mediano y largo plazo en las decisiones y que los 7 sabios de la junta entiendan las implicaciones para la sociedad puertorriqueña-sobre todo para la de menores ingresos- que se ha rezagado en los últimos años; esperemos que no se frenen inversiones cruciales para recuperar la economía”.

El desafío está ahí. En lo que va del nuevo milenio, Puerto Rico, que durante muchos años recibió importantes subsidios federales e inversiones en condiciones privilegiadas en algunos sectores agropecuarios y en el desarrollo de la industria del vestido y farmacéutica, hoy ha perdido competitividad frente a otros destinos de las grandes empresas trasnacionales. La economía de la isla depende cada vez más del turismo, los cruceros y algunos servicios con bajo contenido nacional y salarios menos atractivos. La situación de bonanza que tuvo en la época azucarera hace más de medio siglo o después en el auge de las farmacéuticas ya es cosa del pasado. Incluso en materia turística, la competencia de playas, casinos y tiendas de lujo en otras islas es muy grande. No se observa un plan o estrategia para reconvertir la economía de la isla. En cambio, ya se habla, según algunos medios y redes sociales, de reducir el salario mínimo de los trabajadores jóvenes a 4.25 USD la hora, de recortar prestaciones sociales y de frenar inversiones programadas.

La paradoja es que la nueva legislación PROMESA –como se conoce- le da a Puerto Rico la capacidad de reducir unilateralmente su deuda, algo que se puede hacer sólo en casos de quiebra, pero la legislación federal prohíbe explícitamente a cualquier rama de gobierno declarase en quiebra- como lo haría una gran ciudad- Detroit- o un municipio. Esta exclusión se considera una afrenta y lleva a algunos grupos políticos y asociaciones civiles y estudiantiles a plantear la necesidad de independencia de Puerto Rico. “El problema no es la Junta; es la colonia”.

Según The San Juan Daily Star, el Gobernador García Padilla, quien en un principio se había opuesto a la intervención federal, tuvo que dar una vuelta de 180 grados para acompañar al Secretario del Tesoro de los EUA al Congreso y lograr el rescate; pero se encuentra en una difícil situación frente al sentimiento político de importantes sectores de la población.

La gente común habla siempre de Puerto Rico como un “Estado Libre Asociado”, pero la Constitución se refiere a la isla como un “territorio”.

Ese término, que utiliza precisamente PROMESA, a partir de la Cláusula Territorial de la Constitución, es el que está levantando una polvareda. El Partido Independentista, que había perdido apoyo en las últimas 4 décadas, agarra oxígeno de nuevo frente al Partido que quiere que sea el estado 51. Uno de los mayores opositores en el Senado a la medida fue Bernie Sanders, el excandidato presidencial demócrata, quien argumentó que la Junta equivaldría a establecer un amo colonial (“colonial master”) para la isla.

Tema provocador si recordamos que desde el fin de la guerra entre España y los EUA y la ocupación de la isla en Junio de 1898, Puerto Rico ha estado hasta el día de hoy dominado por la cuestión de su status político; si debe ser un territorio, un estado de la Unión o una nación independiente. En 1900 el Congreso en Washington ignoró la recomendación de Henry Carroll, Comisionado para Puerto Rico, de darle autogobierno y en su lugar le otorgó el carácter de territorio y estableció una junta dominada por 11 miembros, aprobados por el Presidente de los EUA, que podía anular cualquier decisión del Gobernador local. Los ciclos de la historia…

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