Opinión

La lección de Obama


 
No hay éxito asegurado, dijo Barack Obama en México. A ver si le aprendemos.
 
El discurso pronunciado el viernes pasado por Obama en el Museo de Antropología caracterizó con precisión las encrucijadas en las que se mueve la sociedad mexicana hoy en día.
 
Lea usted el siguiente párrafo.
 
"Yo sé que hay algunos en este país, y en otras partes, que se muestran escépticos ante el progreso de ustedes, que dudan de la capacidad de ustedes para aprovechar al máximo este momento. Ellos opinan que los factores adversos que encaran son demasiado fuertes. Dicen que México ha estado anteriormente en la misma situación, con las miras en un horizonte prometedor, al borde de una gran posibilidad, para después perder el rumbo."
 
Fue una afirmación exacta. Así ha sido en varias ocasiones.
 
A finales de los setenta, en el siglo pasado, el país se sacó la lotería con los descubrimientos de gigantes yacimientos petroleros, especialmente Cantarell, y en lugar de construir capacidades para la generación permanente de riqueza con los ingresos del crudo, se derrocharon los recursos y se propició una crisis.
 
Una más. Al finalizar los ochenta, una generación de reformadores económicos llegó al gobierno y se empezaron a crear, de nuevo, las condiciones para un desarrollo sostenido.
 
Sin embargo, los errores políticos y las ambiciones personales dejaron truncos los cambios, que volvieron a desembocar en la terrible crisis derivada del 'error de diciembre' en 1994.
 
El país volvió a respirar esperanzas en el 2000. Con el nuevo milenio pareció llegar la consolidación de la democracia y todos sus bienes... sólo para convertirse en desencanto muy pronto, con el gobierno y el estilo de Vicente Fox.
 
Pero regresemos a lo dicho por Obama.
 
"La realidad es que nada es inevitable. El progreso y el éxito jamás están garantizados. El futuro con el que ustedes sueñan, el México que ustedes se imaginan, tienen que ganárselo. Y nadie más puede hacerlo por ustedes. Ustedes son los únicos que pueden ganárselo. Tal como lo escribió Nervo en La raza de bronce: 'Tú eres el sueño. Tú eres el sueño'".
 
Las experiencias del pasado, tanto las recientes como las de las últimas décadas, nos muestran que las ventanas de oportunidad son escasas.
 
Y no hemos tenido la habilidad para aprovecharlas plenamente. Le ha faltado grandeza y generosidad a la clase política, pero también a otros actores destacados de la sociedad mexicana.
 
Es bueno voltear hacia ellas, porque nos muestran que la 'alineación de las estrellas', como la del presente, dura poco tiempo y es la ocasión de hacer cambios que perduren y que no dependan del voluble estado de ánimo de los liderazgos del país.
 
Si estos cambios no se efectúan en su integridad, la reorganización de nuestra sociedad queda a medias y volvemos a enfrentar esa maldición de no poder transformar al país como quisiéramos, llevándonos de nuevo a las crisis.
 
De manera inesperada para muchos, a partir del segundo semestre del año pasado se empezó a abrir, de nueva cuenta, esa ventana de oportunidad.
 
Pero, como dice Obama, el éxito es incierto. Se puede alcanzar, pero también es posible que otra vez las diferencias políticas, las ambiciones personales y las mezquindades, se impongan y nos vuelvan a cerrar esa ventana.
 
Es inherente a nuestra naturaleza humana que haya incertidumbre en el futuro, lo que nos obliga a trabajar con empeño, a desarrollar la creatividad y a construir el día con día, para mejorar individual y colectivamente.
 
Pero, al mismo tiempo, es angustioso, pues hay el riesgo permanente de que en el momento menos pensado, los proyectos y los sueños se vayan al precipicio, por un error, a veces sólo por un paso mal calculado.
 
Esperemos haber aprendido las lecciones. Obama sólo recordó lo que sabemos por nosotros mismos.
 
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