Opinión

La larga marcha hacia la diversificación

    
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ME. Seis lazos que nos amarran con Estados Unidos.

Con nuestra relación económica más importante en vilo, el gobierno mexicano ha recordado su objetivo de diversificar nuestro comercio fuera de Estados Unidos. Como subsecretaria de Relaciones Exteriores –encargada de África, Asia y Europa– durante muchos años, constaté las limitaciones de esta aspiración perenne de nuestra política exterior. Por más esfuerzos que realizara la Cancillería, Proméxico y el Comce, el interés de los sectores productivos se concentraba en América del Norte y en menor medida en América Latina.

Desde el siglo XIX, una combinación de factores y circunstancias, principalmente la geográfica, ha provocado que estemos vinculados estrechamente a Estados Unidos. El ejemplo que se recuerda como el más exitoso para disminuir la dependencia del país del norte fue el del gobierno de Porfirio Díaz, durante el cual se equilibró nuestra balanza comercial: 50 por ciento entre Estados Unidos y 50 por ciento entre el resto del mundo (principalmente Alemania y el Reino Unido). Esta cifra se mantiene hasta la fecha como un hito.

La apertura comercial de los últimos treinta años ha tenido efectos contundentes. Por una parte, con la entrada en vigor del TLCAN, el destino de nuestras exportaciones se ha concentrado en Estados Unidos (80.1 por ciento en 2014, según el Inegi). Por otra, aumentaron las exportaciones mexicanas en general en 500 por ciento (de 1995 a 2014) y se diversificaron los contenidos de nuestras exportaciones: manufactureras y petroleras, pero también la agroindustria de manera preeminente.

En el camino a la diversificación, Asia-Pacífico parecería la opción natural. Paradójicamente la posición geográfica de México le da cierta ventaja natural: sólo en 2016 los flujos comerciales entre México y los países de esa región representaron más de 154 mil millones de dólares, es decir, 20 por ciento de nuestro intercambio comercial con el mundo.

China es la primera economía mundial, con un PIB de más de 11 billones de dólares en 2015. Es el segundo socio comercial de México, pese a que no tenemos suscrito ningún tratado de libre comercio. En 20 años, de 1994 a 2014, México aumentó el valor de sus exportaciones de 42 millones de dólares en 1994 a casi seis mil millones de dólares en 2014. En porcentaje es menor (1.5 por ciento en 2014, según el Inegi) pero el crecimiento ha sido considerable. También hay oportunidades para conformar cadenas de valor agregado en manufacturas y para exportar más productos agroalimentarios.

Otro ejemplo significativo es Corea. El comercio con ese país equivale al que tenemos con Alemania y está pendiente la negociación de un tratado de libre comercio desde 2008. Este tratado no prosperó por la presión de ciertas industrias, como la siderúrgica, que veían como amenaza a sus pares coreanas. Actualmente, el sector agropecuario es más competitivo y podría inducir a retomar el acuerdo.

En la misma región, el malogrado TPP puede servir efectivamente como base para negociar tratados con un grupo de los países firmantes, como Australia, Nueva Zelanda y Singapur. Como dije en mi artículo anterior, India es un mercado prometedor: la tasa anual de crecimiento con ese país se ha duplicado en los últimos años y el tamaño del mercado es un gran estímulo para los exportadores. Del otro lado del Atlántico, México encuentra coincidencias con sus socios de la Unión Europea: de la misma manera en que nos preocupa la salida de Estados Unidos del TLCAN, ellos temen que se confirme la cancelación de la asociación trasatlántica (TTIP). La actualización del Acuerdo Global UE-México es una oportunidad para consolidar nuestra presencia en el mercado único europeo. Además, tenemos que lograr cumplir con los cupos negociados, especialmente con los destinados a productos agrícolas, que no se aprovechan por ignorar las regulaciones comunitarias.

Reducir la dependencia de Estados Unidos es un objetivo prioritario para fortalecer el desempeño económico del país y para mitigar chantajes futuros de nuestro vecino del norte. En el corto plazo podríamos empezar por diversificar la fuente de nuestras importaciones, por ejemplo, ahora mismo se habla de importar maíz de Australia, Rusia, Argentina y Brasil, en lugar de Iowa. En el largo plazo, el objetivo debería de ser aumentar nuestras exportaciones hacia otros destinos. Esto será posible en la medida de que haya esfuerzos concertados entre el gobierno y los empresarios. En lugar de lamentarnos por nuestro destino geopolítico, “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!”, esta coyuntura puede servirnos para salir de nuestra área de confort.

Twitter: @lourdesaranda

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