Opinión

La justicia plebiscitaria no es justicia

 
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Rubén Espinosa.

A los lamentables asesinatos cometidos en agracio del fotoperiodista Rubén Espinosa, Nadia Vera y otras tres mujeres en la colonia Narvarte de la ciudad de México, recayeron de inmediato señalamientos que apuntaban a un único sospechoso del crimen: Javier Duarte, gobernador de Veracruz.

La acusación que se le hizo en redes sociales e incluso por algunos opinólogos, no fue gratuita ni casual. A la gestión de Duarte le acompañan números trágicos de profesionales del periodismo que han sido asesinados, perseguidos y expulsados del estado que gobierna, y según mencionan diversas crónicas, el gobierno estatal ha sido sumamente intolerante con la crítica periodística hacia el gobernador.

Es por ello que la sociedad, de manera natural, voltea a ver hacia aquél que el fotoperiodista y la activista señalaron por nombre y apellido como responsable de su seguridad y de sus vidas. El problema es que –hasta dónde ha trascendido públicamente– no existe ningún elemento que vincule a dicho personaje con los crímenes y es por ello que en un acto sin precedentes, personal de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal ha tomado declaración del gobernador Duarte en calidad de testigo por este crimen.

Ahora bien, Duarte no puede ser señalado como culpable de un asesinato si no existen evidencias contundentes de su participación y el laberinto en que se encuentra ahora la PGJDF es que después de casi dos semanas de ocurridos los hechos, sólo tienen a un detenido y supuestamente han identificado a otros dos que al momento de escribir esta colaboración aún no habían sido atrapados.

Sin embargo, el riesgo real de este tipo de investigaciones es que existe un gran número de personas que no sentirán que la justicia se ha hecho, a menos que la responsabilidad recaiga sobre Duarte. No hay elementos que permitan vincularle con la verdad jurídica, pero eso es irrelevante para los que demandan justicia a mano alzada, en que tal parece que se deben de encontrar culpables según las apetencias, filias o fobias del respetable público. Pero eso no es justicia, eso es demagogia barata. Y aún así, existe una línea que deberá de ser investigada y que esta sí involucra a Duarte por confesión propia.

En una conferencia de prensa que realizó en Veracruz, el gobernador reveló que existían algunos periodistas o profesinales de la comunicación que se encuentran vinculados con el crimen en dicha latitud del país. De ser cierta dicha declaración del gobernador de Veracruz, entonces tiene la obligación de hacer las denuncias correspondientes ante las autoridades competentes en vez de recomendar a los destinatarios de su mensaje que se porten bien. Si Duarte sabe o supo de periodistas vinculados con el crimen y no lo denunció, entonces se convierte en cómplice y eso es sumamente grave porque dejaría ver la displicencia en materia de seguridad pública de parte de un jefe del Ejecutivo local, que aún a sabiendas de vínculos criminales, opta por no decir nada más que en una conferencia de prensa sin valor jurídico.

Es en este contexto que Javier Duarte debe hacer frente a la situación que él mismo generó con sus desafortunadas declaraciones, y dejar en claro qué y cuánto sabe. Por que si es cierto que la justicia plebiscitaria no es justicia, tampoco lo es el silencio del gobernante. Eso es complicidad.

Twitter: @carlosjaviergon

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