Opinión

La joya de Peña

Lo que no pudieron Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, se consiguió en la administración de Enrique Peña Nieto.

La modificación constitucional en materia energética, que supone un cambio de paradigma en el manejo y propiedad del petróleo mexicano, es sin duda un paso histórico.

Los senadores aprobaron ayer en lo general –y discutían en lo particular–, el nuevo esquema fiscal de Pemex, la joya de la corona, empresa de la que dependió hasta 75 por ciento del presupuesto anual del país en sexenios pasados y que hoy representa entre 34 y 38 por ciento del mismo.

¿Había otra forma de encarar los retos de la modernización de esta gallina de los huevos de oro en decadencia?

Por años, por los menos en cuatro administraciones anteriores, se hizo el intento; se exploraron decenas de proyectos –con Zedillo se trató de modernizar la industria petrolera, pero sólo se logró una mala reforma en la industria petroquímica secundaria, que por cierto fue un fracaso en términos de inversión y generación de empleo, pues dejaba en manos del Estado 51 por ciento de las acciones de futuras empresas y nadie quiere al Estado como socio.

Vicente Fox también intentó una reforma energética, pero ésta fue rechazada entonces por la mayoría priista en el Congreso; Fox no insistió en buena medida por su escasa capacidad para la negociación política.

Calderón también trató, pero se encontró incluso con la oposición de su propio partido que no quiso acompañarlo en el lance por miedo a perder la presidencia de la República, que al fin de cuentas terminó entregando al PRI.

Y el PRI, que tenía en sus estatutos la obligación de proteger la propiedad del Estado sobre el petróleo, tuvo que cambiar sus documentos básicos para poder cuadrarlos con la intención del presidente Peña de modernizar a la, a partir de hoy, exparaestatal, hoy “empresa productiva de Estado’’.

En esencia, la reforma –así lo dice la Constitución– mantiene la propiedad del Estado mexicano sobre el petróleo y sus derivados, sólo que ahora podrá compartirlos, en especie o efectivo, con otros jugadores de la iniciativa privada.

A partir de hoy también habrá un despliegue de información oficial para explicar en qué consiste realmente la reforma energética y sus leyes secundarias.

Hasta la oposición a la reforma consideró necesaria la modernización de la paraestatal, que no contaba con recursos físicos o materiales para competir a nivel mundial.

Se supone que con la reforma, tanto Pemex como la Comisión Federal de Electricidad, entrarán a un esquema de independencia administrativa, competencia y sobre todo, transparencia no sólo en el ejercicio de sus recursos, sino de la adjudicación de sus contratos.

Transparencia que se hará obligatoria también para que la ciudadanía conozca las relaciones entre las empresas de Estado y sus respectivos sindicatos, tan desacreditados socialmente.

Termina la parte legislativa de la reforma.

Ahora, a esperar la respuesta oficial de quienes se opusieran a ella; la consulta popular, si es que la Corte decide que procede aplicarla en este caso.

Pero eso será en 2015.

Por lo pronto, Peña tiene de qué presumir.

Y la semana próxima, la promulgación, a todo lo que da.