Opinión

La jitanjáfora económica

Gil se estremece. En sobremesas, páginas editoriales, noticieros televisivos, en el amplísimo estudio, se habla insistentemente de que la economía mexicana se ha atascado, como un coche que se hunde en el fango, figura por demás dramática pues se supone que el coche es el país, los tripulantes nosotros y el fango la recesión. Los que saben, afirman que técnicamente no hay recesión, pero hay inmovilidad. Como si usted estornuda y tiene calosfríos, pero médicamente no tiene gripa.

Su periódico El Financiero le dedicó la primera plana a este asunto y el gobierno le ordenó a sus fuerzas hacendarias la negación definitiva de esa versión de los hechos económicos. Estremecido por su desconocimiento, Gamés se enteró de que existe un Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) que revelan que la economía se encuentra en una fase recesiva. Obvio: Gil no sabe qué rayos es el SIC, ni bien a bien qué es la recesión, pero Gil no tiene que ser Schumpeter para darse cuenta de que la cosa nomás no jala y de nuevo el coche, los tripulantes, el fango.

Según su periódico El Financiero, el Banco de México podría reducir la perspectiva de crecimiento del PIB para este año. Un integrante de la Junta de Gobierno reveló “que prevalecen los riegos a la baja para llegar al estimado de entre 3 y 4 ciento. Otro dijo que si se promedia el avance de 1.1 por ciento del 2013 y el consenso de expectativas de analistas, el repunte sería de 2 por ciento”. O sea, algo miserable, un fiasco, un palmo de narices. Gilga sabe que lo peor nunca es lo peor, el crecimiento podría ser de 0.1 por ciento.

Gil caminaba sobre la duela de cedro blanco con las manos entrelazadas en la espalda, como si fuera Milton Friedman, y cavilaba: malo, malo. Si empezamos con que las cifras son de chicle, el crecimiento un resorte, los desmentidos sopa de la vida diaria, la cosa no va nada bien.

En estas páginas, Ernesto Revilla, colaborador invitado de su periódico El Financiero, ha escrito que “el año empezó con un dinamismo menor a lo esperado, pero la economía ya muestra señales de crecimiento. Diversos indicadores, muchos de ellos del INEGI, así lo indican”. Anjá. No dejen de crecer. El señor Revilla es titular de la Unidad de Planeación Económica de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. La economía crece, posí.

Oigan, o lean, da igual, esto: “Los indicadores cíclicos del INEGI consisten en una agrupación de diversas variables en dos indicadores compuestos como el ‘Coincidente’ y el ‘Adelantado’, que buscan resumir la situación económica en un momento determinado. Cuando los componentes del indicador decrecen y se encuentran debajo de su tendencia de largo plazo se dice que el indicador (mas no la economía) se encuentra en fase recesiva.” Uta. Traducido al lenguaje de la calle: se jodió la bicicleta.

Si Gil entendiera al menos una palabra de ese párrafo, intentaría explicar algo, pero, caracho, quién va a entender “el momento determinado” con la “expectativa a largo plazo del SIC”. Aigoeeei. La jerga mata al lenguaje, ni lo duden, y ya con el cadáver del lenguaje en medio de la sala, se puede decir cualquier cosa que nadie comprenderá.

La explicación de Revilla es como la jitanjáfora (ah, ¿verdad que se siente feo, Revilla?). Esta gran palabra la utiliza Alfonso Reyes para calificar a un tipo de composición poética constituida por palabras o expresiones las más de las veces carentes de significado y cuya función poética radica en sus valores fónicos. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Las comunicaciones de la Secretaría de Hacienda son un jocoserío (gran palabra), como una de esas obras escritas en clave de humor y tono festivo cuya finalidad es la diversión del público (cápsula cultural cortesía de Demetrio Estébanez en el Diccionario de Términos Literarios, Alianza). Señores economistas, podrían ustedes explicarnos en español ¿por qué no hay recesión? Señor Videgaray: ¿convendría comunicar algo comprensible? ¿Es mucho pedir algo de claridad? Sí.

La máxima de André Maurois espetó dentro del ático: “Una fórmula para alcanzar la celebridad puede ser ésta: expresar ideas sencillas con claridad, ingenio y cortesía”.

Gil s’en va