Opinión

La izquierda profundizó la reforma energética

13 diciembre 2013 5:2

 
La historia tiene paradojas. Y en la reforma energética vivimos una de ellas.
 
 
Fue la izquierda la que empujó a la realización de una profunda reforma energética, como la que votó ayer la Cámara de Diputados.
 
 
Vea usted los hechos.
 
 
Luego de meses de negociaciones, el segundo día del gobierno de Peña se anunció la formación del Pacto por México, en una alianza de PRI, PAN y PRD. De acuerdo con diversos testimonios, algunos integrantes del PRD fueron determinantes de la formación de este acuerdo que marcó la política desde el final del año pasado.
 
 
La redacción del Pacto perfilaba ya una definición de reforma energética.
 
 
El compromiso 56 del Pacto por México decía lo siguiente:
 
 
Se ampliará la capacidad de ejecución de la industria de exploración y producción de hidrocarburos mediante una reforma energética para maximizar la renta petrolera para el Estado mexicano”.
 
 
El texto acordado fue suficientemente ambiguo para que no hubiera definición de la naturaleza de la reforma que vendría.
 
 
Sin embargo, luego de varios meses de buenos resultados de operación del Pacto, con la reforma educativa y la de telecomunicaciones aprobadas por consenso, quedó la impresión de que el gobierno buscaría a toda costa la permanencia del Pacto, y confeccionaría una iniciativa energética que fuera aceptable a los tres partidos.
 
 
Eso limitaría sus alcances y la convertiría en “reformita”, debido a las escasas convergencias de las tres fuerzas.
 
 
Cuando en agosto se presentó la propuesta de “utilidad compartida”, como fórmula de participación privada, se había negociado con el PRD y se acordó eliminar el concepto de “producción compartida”, que incluía la redacción de los borradores de la iniciativa.
 
 
Con ese cambio, se buscaba que una fracción del PRD la pudiera respaldar o al menos no ejerciera una oposición activa.
 
 
Sin embargo, aunque algunos de la izquierda consideraron aceptable la propuesta, no se atrevieron –salvo el gobernador de Morelos, Graco Ramírez- a contradecir públicamente a Cuauhtémoc Cárdenas.
 
 
Además, la dirigencia del PRD sintió “pasos en la azotea”, y temió que López Obrador, con su rechazo, atrajera a parte de los simpatizantes perredistas.
 
 
Al quedar claro que no sería posible mantener cohesionado el Pacto, el gobierno tomó la decisión de cambiar toda la lógica de la negociación y concertar exclusivamente con el PAN las modificaciones en materia política y energía.
 
 
Como resultado de esa negociación se presentó un cambio cualitativo en la reforma propuesta.
 
 
En lugar del cambio constitucional propuesto originalmente por Peña, que hubiera dejado oportunidades muy limitadas para la participación privada, como resultado de la concertación con el PRD, se planteó y aprobó una profunda reforma que por lo menos abre amplias oportunidades de participación privada.
 
 
Ayer le comentaba en este espacio, que el resultado de la reforma será –en el mediano plazo- que el Estado se quedará con un mayor volumen de la renta petrolera del que obtendría si no se hubiera realizado la reforma.
 
 
La razón es simple. La exclusión de la participación privada impedía el crecimiento de la producción y la dejaba en los niveles actuales. Además,  la reforma fiscal implicaría devolver a Pemex un monto mayor de ingresos, y por tanto bajaría la disponibilidad de recursos petroleros para que se integrara a los recursos fiscales, es decir, la renta petrolera.
 
 
Las primeras estimaciones, como la de Deutsche Bank, estiman un crecimiento en la producción de hidrocarburos de 1.1 millón de barriles equivalentes de petróleo al día, para llegar hasta 4 millones de barriles, luego de que maduren los efectos de la reforma.
 
 
Hay que ser claros. Se borró un mito, pero en ello no hay ninguna panacea: aún son incalculables las tareas que deben realizarse para asegurar el crecimiento del país.
 
 
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