Opinión

La izquierda en el Reino Unido, ¿renovarse o morir?

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Big ben reino unido. (Bloomberg)

Este sábado 12 de septiembre, los militantes del Partido Laborista del Reino Unido definirán a su nuevo dirigente de entre cuatro candidatos para suceder a Ed Miliband, quien renunció tras la derrota en las elecciones generales de mayo. Encabeza las preferencias Jeremy Corbyn, quien representa el ala izquierda del partido. Sus propuestas más destacables son, en el ámbito nacional, renacionalizar los ferrocarriles y las compañías petroleras, disminuir los incentivos fiscales a las empresas, formar un banco para vivienda pública y favorecer los subsidios al transporte público. En política exterior, ha respaldado la causa de los palestinos, el desarme nuclear unilateral y la salida de la OTAN y de la Unión Europea.

En caso de ganar, Corbyn conduciría al partido a un cambio notable en su orientación ideológica. Y es que desde finales de los años 90 el partido se había desplazado hacia el centro. Los laboristas adoptaron la “tercera vía”, propuesta por Anthony Giddens –sociólogo de renombre, exdirector de la London School of Economics– de formar una opción socialdemócrata que, sin descuidar los postulados característicos de la izquierda, no se enfrentara a los mercados. Bajo el liderazgo carismático de Tony Blair, la “tercera vía” se convirtió en el programa político de los laboristas. El partido gobernó durante trece años, después de una ausencia de casi veinte años por el predominio del thatcherismo.

La debacle electoral de mayo –la más importante desde la salida del poder del premier Gordon Brown en 2010– hace patente la disyuntiva que el partido no ha logrado resolver desde entonces: ¿Qué representa ser un partido de izquierda hoy? ¿Mantenerse en el camino trazado por Blair y Brown o retomar las políticas de la izquierda clásica? Muchos militantes han criticado que la “tercera vía” fue redituable electoralmente a corto y mediano plazos, pero que, al adoptar los valores identificados tradicionalmente con la derecha, perdió sus rasgos característicos y se volvió una opción política casi indiferenciable de los tories.

Corbyn representa al político carismático y poco ortodoxo, similar en estilo al expresidente uruguayo José Mújica, por lo que ha desatado una euforia entre los simpatizantes más jóvenes (la “corbynomanía”). Como hombre de izquierdas, es cercano a varios sindicatos y es crítico de los empresarios. Cabe resaltar que Corbyn –cuya esposa es mexicana– preside el Grupo de Amistad México-Reino Unido en el Parlamento británico y ha sido particularmente crítico del gobierno mexicano en cuanto a derechos humanos, desde el surgir del neozapatismo hasta la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. Incluso ha solicitado varias veces al gobierno británico que le exija a México acciones más contundentes para defender y promover los derechos humanos.

Una crítica que se le hace a Corbyn es que carece de experiencia de gobierno. No ocupó ninguna cartera en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown. Sus posiciones más radicales han alejado a miembros prominentes del partido, que han rechazado a priori formar parte de su “gabinete en la sombra” (la oposición partidista en el Reino Unido tiene la prerrogativa de constituir un gobierno paralelo, que “vigila” las políticas de cada uno de los ministerios). El probable triunfo de Corbyn conjura los miedos a una escisión en un momento de gran debilidad del partido. Para evitarlo, con reticencia, algunos notables del partido le han brindado su respaldo, con el compromiso de proponer una nueva agenda que permita volver al poder.

Según una encuesta reciente de The Independent, 66 por ciento de los entrevistados respondieron que sería improbable que el Partido Laborista, con Corbyn como líder, ganara a los conservadores las elecciones generales futuras. Blair advirtió ya que elegirlo como líder supone el fin del partido, que quedaría reducido a un movimiento de protesta. Si bien los laboristas mantienen enclaves en la zona metropolitana de Londres y en las ciudades donde el movimiento obrero predomina, es cierto que no logran convencer al electorado más conservador de las ciudades pequeñas. Si el Partido Laborista quiere volver a gobernar debe proponer alternativas creíbles y admisibles para los grupos que lo respaldan tradicionalmente y que le permitan seducir a nuevos simpatizantes.

Twitter: @lourdesarandab

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