Opinión

La IP chilanga se enamora del 'Bronco'

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El Bronco. (Cuartoscuro)

Dicho como la canción, "la arena estaba de bote en bote". Pero la función programada no incluía el pancracio. Y la sede no era otra sino el exclusivo Club de Industriales. 450 personas se dieron cita, puntuales, a las dos de la tarde del martes. ¿El motivo? Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, iba a tener su bautizo masivo con la crema y nata de la IP capitalina. Fue más que eso. Fue amor a primera vista.

Acompañado de Fernando Elizondo, el gobernador electo de Nuevo León, llegó a las dos y cuarto. Tardaría media hora en ocupar su asiento. Todos querían saludarle, conocerlo. Lo mismo Roberto Alcántara de VivaAerobus, que una mesa de diplomáticos tutelada por el embajador de España en México, Luis Fernández Cid.

A la hora del café, el primero en tomar la palabra fue Fernando Elizondo, que “cogobernará” junto a Rodríguez Calderón. “La pieza faltante en el rompecabezas nacional es la ciudadanía”, planteó Elizondo al recordar que él y El Bronco requieren del apoyo de la sociedad. “Hacemos un llamado a todos los ciudadanos, a que se involucren, a que construyamos una alianza estrecha”, concluyó Elizondo, a quien llamaron patriota y aplaudieron con cariño.

Al presentar al invitado, el presidente del club, José Carral, llenó al Bronco de calificativos. Espectacular victoria, biografía novelesca. El gobernador electo, que estuvo acompañado de su esposa, no defraudó a la audiencia, que jaleó y aplaudió cuanta ocurrencia fue surgiendo del podio.

En un discurso de casi una hora, más otra media de preguntas y respuestas, El Bronco, siempre con un insuperable tono de predicador, recorrió la biografía de su triunfo. Los dos atentados sufridos, la muerte de su hijo, sus reclamos al Creador por esa pérdida –le rayé la madre mil veces a Dios–, la cuarentena en su rancho –regalé la TV y no hay señal de celular–, que al final sólo duró 23 días, periodo en el que se decidió a ganar la gubernatura para cumplir la promesa al vástago asesinado: “al verlo muerto le prometí que me iba a dedicar a cambiar este país”.

Empresarios, directivos de compañías, funcionarios de organismos del sector privado aplaudían cada promesa de reforma a la política. Los aplausos más sonoros: cuando propuso no dar más dinero público a los partidos, al prometer cancelar el Acueducto Monterrey VI, al señalar que sí investigará a los Medina, al decir que no va a gastar dinero en la TV –“que se joda Televisa y Multimedios”– no tendrán ni un peso de su gobierno, al ofrecer un camino ciudadano.

“Este país se está incendiando, muchos de ustedes no creen, pero vayan a la calle, escuchen a la gente. La mayoría de las personas con las que tuve contacto decían lo mismo: estamos hasta la madre de muchas cosas”, retó El Bronco. “No vamos a combatir la corrupción, la vamos a erradicar, cuando lo logremos habrá letreros en las entradas a Nuevo León: NL, libre de corrupción.

“Tenemos que perder los miedos”, dijo al hablar de delincuencia. “Ustedes viven en una cárcel. Yo no. Yo soy libre, responsable e independiente. No tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo. Hay que tener aguacates (puso las manos como quien sostiene huevos) para tener corazón”.

Si hubiera sido corrida de toros, lo hubieran cargado en hombros por el Paseo de la Reforma. En el primer date, este político mezcla de Fox con Maquío, con demasiadas referencias a Dios e inocultable impulso mesiánico, se llevó a Monterrey el corazón de empresarios de la capital. Cosas veredes.

Twitter: @salcamarena

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